Entre el avistamiento de aves migratorias como el flamenco chileno, caminatas por las dunas y el incipiente cultivo artesanal de ostras, la iniciativa transforma la herencia pesquera de la zona en una apuesta por la educación ambiental y la sostenibilidad.
Considerado un verdadero tesoro escondido en la costa de la Región del Maule, el estuario del río Mataquito, ubicado en el sector de La Pesca, en la comuna de Licantén, alberga una extraordinaria variedad de aves. La mayor sorpresa para los visitantes es la presencia de flamencos chilenos que permanecen allí durante una larga temporada, un hito que se puede contemplar de primera mano gracias a los tours de avistamiento de aves que realiza Mataquito Expediciones.

Este proyecto familiar nace del amor compartido entre padre e hija por el río Mataquito y el genuino deseo por conservar el lugar. Detrás de él están Millaray Jara, de 22 años, guía especializada en avistamiento de aves y estudiante de ecoturismo, y su padre, Juan Carlos Jara, pescador artesanal y presidente del Sindicato de Pescadores de Mataquito, organización con la que además impulsan el cultivo de ostras en el estuario.
Aunque llevan alrededor de un año trabajando juntos en este proyecto, la historia se remonta a mucho antes, cuando Juan Carlos pescaba en estas aguas y zarpaba desde el complejo turístico que administraba su madre. En ese entonces, los mismos visitantes comenzaron a pedirle dar paseos en bote. “Así empezó todo el interés por las aves, porque las personas le preguntaban a mi papá por qué había tanta diversidad en el lugar. Después, por medio del sindicato, postularon a proyectos de educación ambiental y se inició todo un proceso de educación a la comunidad sobre el valor que tiene el estuario en relación a la avifauna y la diversidad que existe en el sector”, explicó Millaray.
“Tuvimos que capacitarnos y aprender para enseñarles a los turistas. Hemos hecho cursos con Trekking Chile y la Municipalidad de Licantén nos financió capacitaciones para el tema de la observación de aves. También vinieron ornitólogos que nos enseñaron aspectos más técnicos, como de dónde vienen y de qué se alimentan. Ha sido un aprendizaje constante y todavía seguimos aprendiendo para mostrarle cosas interesantes a los turistas que nos visitan”, señala Juan Carlos.

Fue acompañando a su padre a cada una de estas charlas cómo nació el interés de Millaray por las aves, sin embargo, su vocación por la conservación viene desde mucho antes. “Yo crecí al lado del río, saliendo a pescar con mi papá y mi abuelo, que son pescadores de orilla y de estuario. Entonces, crecí arriba del bote con mi papá pescando pejerreyes y corvinas, pero de chiquitita mi relación con el medioambiente fue diferente. Mientras ellos tiraban los pescados arriba del bote, yo devolvía al río los que estaban vivos”, recuerda.
La pasión por las aves y ese contacto permanente con la naturaleza; dieron origen al emprendimiento familiar de ecoturismo que hoy encabeza. “Es importante para las nuevas generaciones como yo, empezar a diversificar en espacios donde siempre ha existido la cultura del extractivismo. Es parte de toda mi historia familiar, pero hoy puedo compartir esa cultura desde la vereda de la conservación”, declara Millaray.
Un refugio de biodiversidad
La desembocadura del río Mataquito es un refugio crucial para la biodiversidad regional. Este ecosistema está reconocido internacionalmente como sitio IBA (Important Bird Area) por BirdLife International, un distintivo otorgado por albergar poblaciones significativas de flamenco chileno y ser una estación clave en la ruta de numerosas aves migratorias.
Otro hito que comparte el territorio, con la comuna vecina de Curepto, es la designación de la desembocadura de los ríos Mataquito-Huenchullamí como Sitio de Importancia Regional de la Red Hemisférica de Reservas para Aves Playeras (RHRAP). Esta área comprende más de 800 hectáreas, que abarcan grandes extensiones de playas, humedales costeros y dunas. Su nombramiento se fundamenta en la presencia de, al menos, el 1% de la población mundial del pilpilén común en este lugar.

Reconocimientos que reafirman el compromiso y llenan de orgullo a Millaray y Juan Carlos, quienes continúan consolidando Mataquito Expediciones. A través de esta iniciativa, ofrecen experiencias de ecoturismo y aviturismo responsable que integran la navegación, la observación de aves, la educación ambiental y la puesta en valor del patrimonio natural y cultural local.
Para ello, realizan expediciones en una embarcación, donde muestran las distintas aves del sector, como el pilpilén común, traro, garza cuca, bailarines, entre otros, según la temporada. Además, visitan los cultivos de ostras y guían una caminata por las dunas, las cuales forman parte de la extensión del campo dunar de Putú.
Su objetivo es impulsar un turismo consciente, accesible y de bajo impacto que promueva la conservación, fortalezca la identidad territorial y cree vínculos significativos entre las personas y la naturaleza, pero por sobre todo, que contribuya activamente al cuidado del río Mataquito y su diversidad.
La sorpresa del flamenco chileno
Aunque Millaray asegura que no existe una época del año mejor que otra para la observación de aves, explica, que si bien el verano concentra una mayor diversidad de especies, el invierno trae sus propios atractivos. “Durante el verano recibimos grupos muy numerosos de aves que migran desde el hemisferio norte, como los zarapitos comunes, los rayadores y los pitotoy, que vienen desde Canadá o Alaska. En invierno, nos visita el flamenco chileno junto a otros grupos muy interesantes de aves que migran desde el sur de nuestro propio hemisferio. Por eso, tanto en verano como en invierno se pueden ver aves distintas pero igualmente increíbles”, explica Millaray.

Señalan que la temporada alta para Mataquito Expediciones es durante el invierno, un periodo difícil para la pesca debido a la escasez de pejerreyes y otros recursos en el estuario. Sin embargo, en lugar de detener sus actividades, Millaray y Juan Carlos encontraron en el arribo del flamenco chileno una oportunidad para convocar a los visitantes y demostrar que la observación de aves también es parte del patrimonio cultural de este territorio.
“El año pasado los primeros flamencos llegaron en abril, pero este año se adelantaron y llegaron el 19 de enero. Ahora en abril tuvimos el peak de avistamientos más alto hasta el momento, con más de 180 ejemplares. El año pasado llegamos a los 200 en toda la temporada. Después empiezan a disminuir de a poco, pero los podemos tener en el estuario hasta septiembre o noviembre, dependiendo de la temporada y de otros factores”, explica Millaray.

Cultivo de ostras en el estuario del río Mataquito
A solo unos metros del punto de embarque en el sector de La Pesca, donde Millaray y Juan Carlos realizan la expedición, se puede observar el cultivo de ostras japonesas a cargo del Sindicato de Pescadores de Mataquito. Esta agrupación reúne a 40 socios, entre hombres y mujeres, involucrando prácticamente a toda la comunidad pesquera en el cultivo de ostras.
“Es una iniciativa emergente; tuvimos nuestra primera cosecha a fines de 2025 para la Fiesta de la Ostra”, explicó Juan Carlos. Hito turístico que se realizó por primera vez en el sector El Médano, frente a la desembocadura del río Mataquito, con el fin de promover la identidad costera de la zona, el valor de sus paisajes y la incipiente producción de este recurso en la región del Maule.

Sobre las características que hacen única a la ostra del Mataquito, Juan Carlos destaca la influencia constante del mar en el río. “Este es un estuario que permanece siempre abierto, influenciado por la marea y por los efectos del agua salada. Eso nos da un producto de muy buena calidad, una muy buena ostra, que merece ser más conocida”, señaló.
La apuesta por cultivarlas nació como respuesta a la sobrexplotación y el agotamiento de los recursos. Mientras esperan sumar choros zapatos y ven reaparecer de a poco la macha en la zona, Juan Carlos tiene la visión clara. “Tenemos que buscar alternativas económicas, como la acuicultura, que puede ser el futuro para la alimentación de nuestros pueblos sin extraer tantos recursos hasta agotarlos como siempre ha pasado”.
Además de proyectarse como una alternativa económica para las familias locales, la iniciativa avanza de la mano con un turismo consciente. “Es interesante poder visitar el estuario, ya que permite tener contacto con el medioambiente y poner en valor el patrimonio natural y cultural de acá del sector. Queremos mostrar lo que tenemos a la comunidad porque creemos que la gente, al conocer el lugar, aprende a cuidarlo y protegerlo”, finaliza Juan Carlos.

Para el líder sindical, el estuario del Mataquito es un secreto por descubrir. “A pesar de estar en el centro del país, esta es una zona aún muy poco conocida, pero donde tenemos mucho que mostrar, como los flamencos y muchas otras aves migratorias que son muy interesantes de ver; un estuario que es un espejo de agua imponente y las dunas donde hacemos descenso. Además, es muy atractivo para los turistas poder visitar y apreciar cómo se cultivan y cosechan las ostras, una experiencia donde la gente va a aprender mucho de la pesca artesanal y el cuidado del medio ambiente”, explicó.

