A través de sus manos da vida a diversos objetos, pero también plasma su esencia de mujer de mar. Bajo su marca Kacile, no solo crea piezas únicas, sino que también promueve los saberes tradicionales y la profesionalización del emprendimiento femenino en la pesca artesanal.
Karen es artesana, pescadora, recolectora de orilla y capitán de nave menor. Además, es secretaria de la agrupación comunitaria Bahía Histórica de Los Vilos, miembro de la Corporación Mujeres Azules de la región de Coquimbo, vicepresidenta de la Asociación Gremial Nacional de Mujeres de la Pesca Artesanal Tejiendo Redes y presidenta del Consejo de Familias Changos Los Vilos Mar y Tierra.
De espíritu inquieto, su camino ha transitado entre la dirigencia social, llegando incluso a ocupar cargos dentro de la política local, siempre con los pies en la costa. Además de impulsar sus propios emprendimientos con su marca Kacile, hoy también se dedica a transmitir sus conocimientos y saberes.
Karen es recolectora de orilla, dice que le apasionan las algas y que ve en ellas un futuro esplendoroso. Todo esto, por la versatilidad que tienen. “Hay una ventana abierta de cosas que se pueden hacer con las algas, en el ámbito gastronómico, en la cosmética o en la ciencia”. Sin embargo, considera que en Chile este recurso no se ha potenciado lo suficiente y cree en la necesidad de contar con un organismo técnico dedicado exclusivamente a gestionar su enorme potencial.

Su relación con la recolección de orilla se remonta a sus ocho años, cuando salía a recorrer con su tío Chejo (Sergio) el borde costero de Los Vilos. “Yo lo acompañaba y él me dejaba sentadita en un borde y salía con un colihue. Esa imagen la tengo muy grabada; era un colihue y en la punta tenía un gancho de metal. Entonces, con eso él arrastraba las algas y las iba amontonando, trabajaba el huiro pato”, recuerda.
La experiencia de vivir del mar y sus recursos ha definido su camino, un equilibrio que ha logrado mantener a pesar de que, como ella misma señala, hoy la disponibilidad de recursos es mucho menor. “La mar te da la posibilidad de trabajar de manera independiente y la capacidad de maravillarte cada vez. Puedes ir al mismo lugar, pero siempre vas a tener una imagen distinta, siempre vas a ver cosas diferentes. Yo creo que nunca te dejas de sorprender de la mar, porque todos los días es distinto”.
Kacile: Artesanía en cuero de pescados
El año 2009, Karen tomó un curso Sence que la capacitó para curtir cuero de piel de pescado. De ahí en adelante, ha seguido aprendiendo y conociendo distintas técnicas que la han llevado a la elaboración de piezas cada vez más originales y complejas, incursionando incluso en la orfebrería con su ya consolidada marca Kacile. Su catálogo incluye desde cinturones y billeteras hasta artículos más delicados como pinches para el pelo y joyas.
El proceso para la elaboración de productos a partir de cuero de pescados es extenso, explica. Solo en terminar los cueros, demora alrededor de treinta días. “Cuando voy a buscar las pieles, se echan a remojar en agua y son prácticamente treinta días en la limpieza. Eso significa; sacar la grasa, descarnar, sacar las escamas, curtir, estacar, abrillantar. Para tener un producto terminado, son prácticamente cuarenta días”, cuenta.

Un proceso que debe realizarse de manera constante para contar con la materia prima (cuero de pescado) durante todo el año. La temporada de invierno es la de mayor producción en cuanto al trabajo con las pieles, pues, según explica, en verano es menos factible curtir los cueros debido a las altas temperaturas. “Además, llegan más pescados a las caletas, a diferentes lados; me venden, los compro y otros me los regalan”.
Los cueros que utiliza se extraen de pescados como el pejeperro, la vieja, el bilagay, congrio, salmón, corvina y lenguado. “Utilizo harta variedad de cueros, todos los que se puedan curtir. La reineta igual, pero es mucho más delicada porque tiene una escama como plumita. El congrio también queda muy lindo, pero es el doble de trabajo que cualquier otro pescado por la tinta, la mucosidad y la escama que tiene; es más riguroso que otro pescado, pero queda precioso”, explica Karen.
Todo el proceso lo realiza de forma manual, las pieles pueden venir desde la región de Atacama o ella misma las va a buscar a Valparaíso o Coquimbo. Sin embargo, el traslado es todo un desafío; el cuero viaja congelado para luego ser trasladado a la congeladora que mantiene en el taller ubicado en su casa. Desde allí, pieza por pieza, comienza un exhaustivo proceso de limpieza manual.

Para optimizar esta compleja cadena logística, se encuentra postulando a un proyecto del Instituto Nacional de Desarrollo Sustentable de la Pesca Artesanal y de la Acuicultura de Pequeña Escala (INDESPA), que le permita comprar equipamiento y herramientas. Específicamente, una selladora al vacío de carácter industrial, con el objetivo de agilizar la clasificación de los cueros y proteger la integridad de las pieles, evitando que se quemen y asegurando que cada pieza conserve la calidad necesaria para el curtido final.
Para esta mujer de mar, la artesanía no es solo un tema productivo o una fuente laboral; es un refugio de paz mental y un legado, donde todo es vinculante, desde la recolección de orilla, hasta su alimentación y cómo se relaciona con el entorno. Como ella misma explica, “Hoy día trabajar en la artesanía con el cuero de pescado y con la recolección de conchas del borde costero es dar visibilidad y reconocimiento a nuestro oficio”.
Traspaso de saberes
Para Karen es importante el traspaso de conocimientos; lo hace con todos sus saberes. Actualmente realiza talleres sobre las distintas técnicas que utiliza para desarrollar sus artesanías, una de ellas son los imanes con conchitas que ella misma recolecta. “Me gusta ir contando toda la historia. Desde dónde se recolectan, qué tipos de conchitas ocupamos, porque todas se ven en miniatura. Por ejemplo, la lapa, cuál es su nombre científico, qué tipos de lapas tenemos en nuestro territorio, las preparaciones que se pueden hacer con ellas, etc. Lo mismo con el loco o el erizo”, señala.

Realiza talleres a diferentes departamentos municipales, como cursos de resina, expandiéndose también a otras regiones. “Hay organizaciones que han venido a ver mi trabajo, donde he tenido que exponer porque han querido conocer cómo se curte el pescado y cómo pueden llegar a realizar este arte a largo plazo. He hecho presentaciones a cooperativas y a organizaciones netamente productivas”.
Para esta emprendedora, es fundamental interiorizar que este oficio debe ir enlazado con escuelas financieras y educativas. Según su visión, este respaldo formativo es lo que permitirá alcanzar una formalización real, permitiendo a los creadores y creadoras expandir sus fronteras comerciales.
Su local comercial, un orgullo familiar
Para Karen, la clave para potenciar sus saberes en artesanía y gastronomía local, reside en tener un punto de encuentro directo con el público. A través de su participación en la cooperativa Urcupiña, que reúne a comerciantes, artesanos y gastronomía, lograron una concesión marítima que le permite tener su local ubicado en pleno borde costero de Los Vilos.

Un punto de venta, pero además una vitrina estratégica, que le ha permitido proyectar su identidad y sus saberes a una audiencia más amplia. “Recibo gente, comitivas que me piden comidas tradicionales; las atiendo o hacemos reuniones en el local donde ofrezco mi comida o un souvenir. También lo usamos como un lugar de encuentro, no es solamente tener un local abierto, sino usar un espacio comercial donde tú puedes tener una reunión, ver artesanía y tener tu propia propuesta gastronómica”.
Esta propuesta gastronómica se construye de sus propios conocimientos y está muy arraigada al territorio. En este espacio, Karen ofrece estofados de lapa, cocimientos caleteros y chupes tradicionales preparados sin crema, respetando la pureza de antaño. “Nosotros nos criamos a base de caldos: el caldo de marisco, de pescado, de alga, de lapa”, cuenta.
Este local comercial ha significado unión y orgullo familiar. “Con esto también estamos criando y educando a nuestros hijos. Ellos saben lo que nosotros hacemos y se sienten orgullosos”, reflexiona Karen.
Y aunque cuentan con este espacio fijo, también participan en ferias y muestras, donde la mayor afluencia de público, diversidad y música, les ha permitido tejer redes y formar comunidad. “Hay mucha cultura dentro de ferias, reconoces a otros artesanos, otros productos, te vas encontrando en el camino. Todo esto nos ha dado la artesanía, y nunca pensamos que iba a ser como nuestra marraqueta bajo el brazo. Ha sido nuestro imperio”, relata emocionada.
Un espacio levantado a pulso, que ha sido construido en torno al mar, a sus saberes, a sus creencias y a su oficio. “Mi local está pintado y construido por nosotros, allí están todos nuestros detalles. Es como tener mi casa ahí abajo”, describe con el orgullo de haber plasmado sus diseños y su arte en ese espacio, donde incluso las conchas que recolectan forman parte de la estructura del lugar. “Todo ha salido de nosotros mismos, es como dejar una parte de nosotros ahí, que va a quedar como un legado también”.

Hace unos años, en medio de la incertidumbre de la pandemia, Karen soñaba con un espacio para sus creaciones, un punto de encuentro para poner en valor la cultura costera. Con ese sueño cumplido, sus ambiciones han evolucionado junto con su oficio. Hoy, Karen está dando valor agregado a productos como el piure y la sierra a través de la elaboración de conservas y trabaja con la misma tenacidad para lograr la formalización; un paso más, que marcaría el inicio de una nueva etapa para su marca Kacile.
Kacile Artesanías
Instagram: @Kacile_
Dirección: Av. Salvador Allende sin número (cerca de caleta San Pedro)
Contacto: +56957841265

