Bióloga marina y magíster en oceanografía de la Universidad de Valparaíso, Pilar Muñoz Muga ha cruzado las fronteras del laboratorio tradicional con un objetivo claro: acercar a las personas al océano. Su trayectoria en el estudio de las algas marinas y la sostenibilidad la llevó a ser nombrada recientemente directora de la Sociedad Chilena de Ciencias del Mar. Pero su sello está en la acción; como directora de Cultura Oceánica en 360° de la Universidad de Valparaíso, lidera proyectos reconocidos a nivel nacional e internacional, como “Algaritmo” y “104,5°: Molécula de la Vida”, que fusionan tecnologías emergentes, arte y experiencias inmersivas para reconectar a las personas con el mar e inspirar el cuidado y la acción. Su experiencia y visión la han convertido en una colaboradora clave de organizaciones globales como la Unesco y el Comité Oceanográfico Nacional. Hoy conversamos con ella sobre la importancia de las algas, la divulgación de las ciencias y la cultura oceánica.
¿Cómo nace tu interés por las algas? ¿Y por qué crees que es importante divulgar sobre ellas?
Cuando estaba en cuarto año de Biología Marina y buscaba un tema para mi titulación, me decidí por las algas porque me interesaron las microalgas. En particular, unas pequeñas microalgas que se llaman diatomeas, que son de los organismos más abundantes del fitoplancton de nuestras aguas. Las encontré fascinantes porque son organismos hechos de vidrio que están flotando y que tienen unas formas maravillosas, como una especie de mandala. Ahí dije: “Quiero empezar a trabajar con esto”. Con el tiempo fui sumando más experiencia y empecé a trabajar tanto con microalgas como con macroalgas, pero todo empezó por esta fascinación por las diatomeas, que tienen una forma preciosa y que son responsables de la mayoría del oxígeno que respiramos.

Creo que es importante divulgar sobre las algas porque se sabe muy poco de ellas. Por un lado, hay muchas “fake news” (noticias falsas) sobre las algas, y por otro, generalmente se protegen organismos carismáticos o que la gente conozca. Entonces, en el mar, ¿a qué se le pone más dinero para proteger? A los delfines o a las ballenas. De hecho, hay una gran campaña del Pacífico Sudeste que son los “Blue Five”. O sea, los cinco grandes, que son las ballenas, los delfines, las rayas, los tiburones y las tortugas, porque son organismos muy carismáticos, pero las algas no generan ese tipo de sentimiento en las personas. O sea, nadie dice: “Quiero proteger un cochayuyo porque lo encuentro tan tierno.” Y lo que la gente no sabe es que sin las algas no tendríamos el planeta que tenemos porque fueron las algas las que crearon la fotosíntesis bajo el agua hace 3000 millones de años, cuando no había vida sobre la Tierra, solo debajo del agua porque la radiación UV era muy alta.
Las algas llenaron la atmósfera de oxígeno; pasamos de menos del 1% de oxígeno al 20% que tenemos ahora. Ese oxígeno también formó la capa de ozono, que permitió que se pudiera vivir fuera del agua. Además, las algas verdes conquistaron la tierra y dejaron descendientes que son las plantas terrestres. Entonces, si nosotros destruimos las algas, vamos a destruir nuestro presente y nuestro futuro. Nos quedaríamos sin oxígeno, sin capa de ozono y sin un alimento tradicional y muy nutritivo. ¿Sabías que Chile tiene el registro más antiguo de consumo de algas del mundo? O sea, no es que las algas sean algo exclusivo de los asiáticos, son algo que está en lo más profundo de los chilenos, pero que lo olvidamos.
Las praderas de algas también protegen las costas contra la energía en exceso del oleaje y son el refugio, el lugar de reproducción y el alimento de otros organismos. Otros aspectos que no siempre se consideran; han inspirado mitos y leyendas en todo el mundo y también en Chile. Si nos vamos al sur, a Chiloé, que tiene una cultura muy cercana al mar, tenemos “La Pincoya”, que es esta mujer que pronostica cómo va a estar la pesca y cuyo pelo se describe como de cochayuyo.
O sea, las algas están en todo y me transformé en una defensora de ellas; bueno, porque dicto las clases de algas dentro de la Escuela de Biología Marina de la Universidad de Valparaíso y me di cuenta de que los estudiantes, cuando entran a la carrera, no lo hacen porque quieran proteger las algas o conocerlas, entran por los tiburones, las ballenas, los delfines o los chungungos. Entonces, empecé a actuar como una activista de las algas y la mayoría de las personas que pasan por el curso quedan muy sorprendidas, o cuando voy al territorio y hago las charlas sobre las algas, la gente de verdad queda sorprendida.
A una persona que sabe poco de las algas, ¿qué le dirías tú para que se acerque a ellas de manera cotidiana?
Yo creo que lo más fácil para acercarse a las algas es a través del estómago y es probar algo. La mayoría de la gente tiene la idea de que las algas tienen un sabor muy fuerte, que no les va a gustar, y siempre que las prueban quedan muy sorprendidas. Es un ejercicio que yo también hago en las clases; salimos al terreno, salimos a las rocas, degustamos ahí directamente el luche, el huiro, la lechuga de mar y de verdad los estudiantes se sorprenden mucho. Entonces, cada vez que bajen a la playa, vayan donde están las rocas, porque las algas crecen en las rocas y atrévanse a tocar, a oler, a probar las algas que tenemos alrededor. En Chile tenemos más de 700 especies de algas y solo una es tóxica y no se puede comer porque tiene ácido sulfúrico, se llama desmarestia y está más al sur.
Otro acercamiento bonito es a través del arte relacionado con algas. Así como de niña metías las flores dentro de un libro para prensarlas y preservarlas, con las algas se hace lo mismo. Las pones en un papel, las aplastas con peso y, como tienen geles, quedan pegadas creando unos cuadros hermosos llamados algarios. Hemos hecho también talleres con cianotipia, que es como una especie de fotografía antigua, que queda como una impresión del alga según como traspasa la luz. Yo creo que las maneras no científicas, son el mejor primer paso, porque te maravillas con las formas que tienen y con su sabor.
¿Cuáles son las propiedades que tienen las algas y por qué deberíamos comerlas?
Porque ya hay una demostración que es el alimento central de Chile y porque tienen muy buenos nutrientes, tienen poca cantidad de grasa, tienen mucha cantidad de agua, tienen 10 veces más minerales que las plantas y tienen vitaminas que no están presentes en las plantas. Por ejemplo, la vitamina B12, que es una vitamina que los veganos y los vegetarianos siempre están buscando. Ácidos grasos como el omega-3 y omega-6 también están presentes en las algas.
Hay algas que pueden tener hasta más de 60% de proteína. Un trozo de carne tiene 25% y hay algas que son las cianobacterias como la famosa espirulina, que son algas que pueden hacer sus propios nitratos. Entonces, tienen una muy alta cantidad de proteína.
El aumento de la temperatura del océano y los efectos de eventos como el fenómeno de El Niño, ¿alteran la distribución o la resiliencia de las poblaciones de algas en el Pacífico Sur?
Sí, y mucho, porque en Chile tenemos las praderas de algas más grandes del mundo. Tenemos el huiro flotador (Macrocystis pyrifera), que es el organismo más grande del océano, que puede ser incluso más grande que una ballena azul. El huiro negro, el huiro palo y el huiro flotador, son especies de aguas frías, por lo que son las primeras que se están viendo afectadas, ya sea por el cambio climático o, en este caso, por este evento puntual que tenemos hoy, que es el fenómeno de El Niño. Está descrito desde El Niño del 82 y en todos los eventos posteriores, que cuando llega este fenómeno las praderas de algas empiezan a desaparecer, porque el calor es muy excesivo para ellas.
Lo que más afecta también es que cuando viene “El Niño”, se frena el efecto de surgencia. Nuestras costas son tan ricas y somos de los campeones de las pesquerías del mundo porque tenemos zonas donde hay tanto viento que desaparece la capa superficial del agua y ese espacio es rellenado con agua del fondo, que es una agua que viene súper fértil, a eso llamamos la surgencia. Entonces, El Niño, lo primero que hace es cerrar esa surgencia, por lo tanto, dejamos de tener aguas tan fertilizadas. Esa fertilización de agua es lo que mantiene nuestras costas con el olor, con el color y con la cantidad de biomasa a la que estamos acostumbrados.
¿De qué se trata “Cultura Oceánica en 360°”?
En la Universidad de Valparaíso tenemos el Centro de Cultura Oceánica en 360°. El concepto de cultura oceánica surge a comienzos de los 2000 en Norteamérica y lo llaman “Ocean Literacy”. Nació a partir de la pregunta: ¿cómo hacemos divulgación de la ciencia marina? Porque notaron que, al igual que en las escuelas en Chile, en Norteamérica había muy poco contenido sobre el mar dentro del currículo escolar. Entonces, decidieron incluir temas relacionados con las ciencias oceánicas como las corrientes, la temperatura, etc. Pero al pasar de los años se dieron cuenta que enseñar el océano o la relación de los humanos con el océano es mucho más que solo datos científicos; es la gastronomía, son los deportes náuticos, son los mitos inspirados, la música inspirada en el mar, disfrutar del paisaje marino, el transporte marítimo, la relación de los pueblos originarios con el mar, todo.
Ya no solo se trata de entregar datos de ciencia marina, sino que de demostrar la relación de las personas con el mar para que cambien su actitud con respecto a él, para que pasen del dato a la acción, porque los científicos hace décadas sabemos que estamos en problemas, pero ¿por qué no logramos romper esa barrera y llegar a las personas? Y ahí es cuando entran ustedes (los periodistas) para apoyarnos en la comunicación, porque claramente los científicos no nacimos para eso. Hay que apoyarse con un equipo multidisciplinario, darle a las personas lo que quieren, no hablarles en un idioma que no van a comprender, y demostrarles que el fin de la ciencia es empoderar a las personas para que tomen buenas decisiones.
Así fue como empecé a ir a los colegios a dar charlas, a participar con la comunidad y a recibir gente en la Estación de Biología Marina de la UV. Yo fui ahí de paseo de curso en 1989 y sé lo mucho que impactan esas visitas, porque recuerdo perfecto el día que volví a casa a escribirlo en mi diario de vida. Me marcó mucho esa experiencia, entonces me doy cuenta de la importancia de hacer el esfuerzo de conectar con las personas. Si va un curso de 30 niños, tal vez dos o tres van a enganchar, pero esos tres pueden ser un semillero para el resto y, probablemente, les puede cambiar la vida, tal como me pasó a mí.
¿Cómo se transforma esa divulgación en propuestas como la realidad virtual, y qué herramientas han creado para conectar con la gente?
Yo estaba dando esas charlas y se nos ocurrió, ya entrando en la pandemia, que por qué no transformamos las charlas que yo hacía, por ejemplo, la de los siete principios de la cultura oceánica, en una experiencia inmersiva. Porque está demostrado científicamente que con eso uno logra conectar con las personas. A partir de ahí empezamos a desarrollar experiencias de realidad virtual, como la serie Cultura Oceánica, la serie Molécula de la Vida, la obra Dimensión Sumergida: Torpederas y también un cortometraje animado que se llama El Garito. Todo esto, sumado a otras invitaciones que me iban surgiendo el camino, como talleres de cianotipia y talleres comunitarios como lo que hacemos con “Hierbas de Mar”. Después también fui migrando a la diplomacia científica porque me di cuenta que ya no basta con trabajar con la comunidad, con ir a hablar con los niños, con los adultos, sino que es muy importante hacer entender a los tomadores de decisión que hay que incorporar el océano en las leyes, en las bases curriculares, en la economía, porque Chile es un país fundamentalmente oceánico y tenemos que cuidarlo para poder seguir disfrutando de él.
¿Cómo puede participar la comunidad?
Los invitamos a seguirnos en nuestro Instagram @culturaoceánica360. Ahí tenemos a disposición y de manera gratuita todos los recursos educativos que hemos ido desarrollando. Desde la experiencia de realidad virtual, que la gente puede ver desde su teléfono con YouTube, hasta nuestras guías y libros listos para descargar en PDF. También pueden acceder gratis al curso “Los siete principios de la cultura oceánica”, que es un curso abierto de la Universidad de Valparaíso, donde las personas se inscriben y, pasando los cuatro módulos, obtienen un certificado de la Universidad. Por esta misma vía, recibimos invitaciones si quieren que vayamos a los colegios, a las comunidades o a los municipios. Tenemos más de 30 estudiantes de biología marina que están formándose en cultura oceánica, que les encanta ir al territorio, hablar con las personas y ver el impacto real de lo que hacen.
¿De qué se tratan los siete principios de cultura oceánica Unesco?
Cuando nace el concepto de cultura oceánica, se evidencia que las personas saben muy poco sobre el mar, incluso en Chile o en ciudades costeras como Valparaíso la gente sabe muy poco del océano. Por eso se definió que, si las personas iban a aprender algo sobre el océano, al menos debían conocer siete aspectos fundamentales. Así es como surgen los siete principios de la cultura oceánica. Entre ellos están, por ejemplo, que tenemos un solo océano interconectado; que el océano influye en la geomorfología; que los seres humanos estamos intrínsecamente relacionados con él; y el último principio, es que, a pesar de todos los beneficios e impactos que nos da el océano, sigue estando mayoritariamente inexplorado, y hasta el día de hoy apenas conocemos cerca del 20%.
Todos estos principios están en un libro de la Unesco y de hecho nuestra primera serie Cultura Oceánica en 360°, se trata de tomar cada uno de estos principios y explicarlos o vivirlos a través de personajes de la región de Valparaíso que están relacionados con el mar. Entonces esto lo publica Unesco y ahí empiezo a trabajar también con la cultura oceánica y ya en el año 2022 llega un llamado de Unesco a los países miembros de las Naciones Unidas, diciendo que se va a formar un grupo de expertos de cultura oceánica y ahí empiezo a trabajar directamente con Unesco.
Empezamos a tratar de llevar a cabo el plan de cultura oceánica que tiene Unesco, enlazándolo con lo que estamos haciendo desde Chile, porque en el año 2023, a través del Comité Oceanográfico Nacional (CONA), formamos también el grupo de cultura oceánica de Chile. Empezamos como ocho personas, pero ya somos cerca de 30.
Formaste parte del equipo de la Tercera Evaluación Mundial del Océano de la Unesco. ¿Cuáles son los hallazgos o novedades más relevantes en esta nueva edición?
Esta es la evolución más completa que tenemos hasta ahora de los cambios que ocurrieron en el océano. En esta versión se trató de que participaran muchas más personas; hay un equilibrio de género entre las autoras mujeres y autores hombres. Por primera vez se empiezan a tomar los conocimientos tradicionales de los pueblos originarios también dentro de los resultados y no solamente los resultados 100% científicos, porque se reconoce que ese conocimiento también es muy valioso. Y ¿qué se ha visto antes de este último informe? Que el océano se sigue calentando, que hay cuatro grandes amenazas que son: la sobrepesca, la destrucción de hábitat, cambio climático y la contaminación. Se incorporaron capítulos que no estaban antes; uno que nos llamó la atención es el de la pesca deportiva, que nos muestra distintas formas de llegar al océano para después ayudar a protegerlo. Lo mismo pasa con los deportes náuticos; hemos estado con muchas personas que son surfistas, kayakistas, nadadores de aguas abiertas, y así es como enganchan con este “bichito” del mar porque están disfrutando de sus beneficios: los servicios ecosistémicos, que son estos regalos que nos da el océano, que no estamos pagando por ellos, pero de los que sin duda la sociedad se beneficia.
¿Qué mensaje te gustaría transmitir?
Que no se nos olvide que la vida surgió en el océano hace 3.500 millones de años y que todavía seguimos dependiendo de él: de su alimento, del trabajo que genera y del transporte marítimo, pero también del paisaje y la inspiración que nos entrega. Por eso es tan importante cuidarlo. Todos nos beneficiamos del océano, tanto quienes vivimos en la costa de Viña del Mar como quienes están en la ciudad de Los Andes. Toda la lluvia se forma en el mar y es él quien nos protege de los cambios drásticos de temperatura. Por eso, todas las personas que habitan Chile y el planeta deberían preocuparse por el océano, porque disfrutamos de sus beneficios día a día.
*Fotos cedidas por Pilar Muñoz Muga.