Su propuesta combina el relajo absoluto frente a la inmensidad del mar y el vaivén de las olas con un diseño y gastronomía local que rescatan la historia y la identidad campo-mar de esta caleta ubicada en la región del Maule.
En septiembre de este año se cumplen diez años desde que este hotel boutique de playa, como ellos mismos lo definen, abrió sus puertas. Un proyecto intrínsecamente familiar, que nació del amor de la familia Toral Cardemil por la caleta, la playa de Llico y el lago Vichuquén.

Aunque hoy es un referente de la zona, el origen de Puerto Viejo dista de la tradición hotelera. María Paz Toral, hija del matrimonio fundador y gerente de marketing del hotel, confiesa que en su historia familiar no existían lazos previos con la hotelería ni la gastronomía. El verdadero motor fue otro. “Mis papás, desde muy chicos, veraneaban entre Llico y el lago Vichuquén”, relata María Paz. Fue ese genuino cariño por el lugar el que terminó dándole vida a Puerto Viejo.
Cuando supieron que se vendía el terreno donde hoy se encuentra emplazado el hotel, Guillermo Toral, reconocido empresario del rubro ferretero de Curicó, decidió dar el salto y comprarlo. No tenían un plan, ni una idea definida de lo que iban a hacer con él, pero había algo claro, no podían dejar pasar la oportunidad de cuidar y habitar ese lugar, tan ligado a sus recuerdos y a su historia familiar, con una inigualable vista al Pacífico.
El terreno estuvo en manos de la familia por un par de años, hasta que la madre de María Paz, Pelusa Cardemil, fue la de la idea, recordando que en ese mismo lugar, décadas atrás, había funcionado una antigua hostería. “Este es un lugar precioso donde, por supuesto, están las hosterías clásicas que encuentras en las caletas o las playas de Chile, pero sentíamos que faltaba una propuesta turística y gastronómica más desarrollada, algo que te permitiera disfrutar de este tremendo paisaje natural con un estándar de calidad y de servicio más trabajado”, explicó María Paz sobre el origen del hotel.
Puerto Viejo
Inspirado en el antiguo muelle de Llico, una estructura de hierro forjado y madera construida entre los años 1894 y 1895, que prestó servicios comerciales para la carga y descarga principalmente de cereales y sal, Puerto Viejo se construyó con la idea del respeto absoluto por su entorno.
La oficina de arquitectos Balmaceda y Gálvez asumió el proyecto, conociendo a fondo la identidad local. “El arquitecto se fija en la historia del lugar, en la forma en que la gente veranea y también en quienes habitan la zona habitualmente”, explica María Paz. Bajo esa mirada de respeto por el territorio, se concibió un diseño volcado por completo hacia el mar. “Todas las vistas apuntan al mar, desde el restaurante y el spa hasta las habitaciones y la piscina”, detalla.
Para lograr que el hotel no fuera disruptivo, no se taló ningún árbol y se optó por una madera negra, que evoca el color de la arena oscura, producto de la erosión de rocas volcánicas características de la playa de Llico. “El color negro de la madera viene a complementar el paisaje, a fundirse con el entorno. La idea es que en cada espacio del hotel puedas disfrutar de una continuidad entre el interior y el exterior”, señala María Paz.
Esta estética se inspiró también en los detalles del muelle histórico. Aunque a la estructura original ya no le quedan sus emblemáticas crucetas de madera, el diseño del hotel las rescató para dar forma a los ventanales del restaurante que se ubica en el primer piso. Un homenaje que además fue materializado por manos locales. “Lo construimos con maestros de Llico, que saben trabajar la madera a la perfección. Siempre enfocándonos en el amor y cariño por el lugar, porque para nosotros eso es fundamental, respetar el entorno y el ritmo de vida que se lleva aquí”, explica María Paz.
Y es justamente esa la invitación que hacen a sus huéspedes y comensales, desconectarse de la rutina diaria para disfrutar de la naturaleza a través del contacto con el mar y degustar la gastronomía local con productos sencillos que rescatan los sabores más puros y nítidos de la costa del Maule. “Queremos rescatar la identidad de Llico y de la región del Maule, que a veces es mirada en menos. Para nosotros es fundamental que tanto la artesanía local como las recetas antiguas y los productos de la zona tengan su espacio en el hotel”, afirma la gerente de marketing.
Ese compromiso es visible en cada rincón de Puerto Viejo gracias a la dedicación de la misma familia. El diseño interior estuvo en manos de Josefa Toral, hermana de María Paz, quien, como decoradora, ha plasmado esta filosofía en una cuidada vitrina de artesanía local, para la cual trabaja con artesanos y artesanas de Vichuquén, elaborando piezas a partir de sus propios diseños y colores. En el exterior, Pelusa Cardemil es quien se encarga del paisajismo del hotel, vistiendo el entorno con plantas que crecen en esta zona de la costa.
Una invitación al descanso
Diseñado para el relajo absoluto, el hotel cuenta con 15 habitaciones, todas con una imponente vista al mar, que permite dormirse al vaivén de las olas. Para complementar la experiencia, cuentan con un spa con dos cabinas de masaje, sauna, jacuzzi y una piscina climatizada bajo techo. En el exterior, los huéspedes pueden relajarse en las tinajas calientes o disfrutar de la cancha de tenis.
El hotel dispone también de una sala donde se realizan sesiones semanales de yoga para quienes buscan bienestar, que se utiliza también como sala de reuniones para eventos corporativos, ofreciendo el entorno ideal para el trabajo y la desconexión.
Para complementar la oferta familiar del hotel, en diciembre de 2020 se sumaron las Casas de Mar, que brindan una estadía con todo el confort y las comodidades del hotel, pero en la intimidad de una casa. Un formato que no solo disfrutan las familias, sino que también se ha convertido en una muy buena opción para viajes de amigas.
Se trata de dos refugios, llamados Luga y Chagual; cada uno está equipado con dos habitaciones en suite, cocina completa, dos terrazas y jacuzzi privado. Emplazadas en lo alto del cerro, su ubicación estratégica es la que da origen a su nombre. “La vista es impactante. Es como estar en una isla; hacia donde mires, está el mar por todas partes”, detalla María Paz.
Los huéspedes que reciben vienen desde Santiago hasta Concepción. A ellos se suma el público del restaurante, proveniente principalmente del lago Vichuquén y veraneantes de paso. Desde el hotel destacan además la reciente inauguración de la costanera de Llico, que atrae a una gran cantidad de público, especialmente en verano, debido al importante flujo de personas que se desplaza desde la región de O’Higgins hacia el Maule a través de la ruta costera.
Sabores de la costa Llicana
Con 38 años de trayectoria, el chef Ernesto Pacheco es quien lidera la propuesta gastronómica del restaurante. Fue director de la carrera de gastronomía en Duoc UC Valparaíso, chef ejecutivo del hotel Conference Town de Reñaca y forjó una destacada carrera de casi dos décadas en los hoteles Sheraton Santiago y Sheraton Miramar en Viña del Mar.
Con capacidad para 60 personas, el restaurante de Puerto Viejo abre sus puertas todos los días de la semana, de 13:00 a 21:30 horas, tanto a huéspedes como a público externo. Además de su carta de almuerzo y cena, ofrecen un desayuno, tanto para sus pasajeros como para público externo, (con reserva previa), donde todo, desde el pan recién horneado hasta la bollería, se elabora en su cocina.
Ernesto define la gastronomía de Puerto Viejo en torno a los productos del mar, manteniendo la tradición de aquellos que se extraen en la zona. Principalmente pejerreyes, locos y cochayuyo. “La idea es rescatar todo lo que se produce acá. Por eso, hay algunos platos emblemáticos que han trascendido a los distintos chefs y a los cambios de carta, manteniéndose intactos como sello del restaurante”, explica el chef.
Bajo esa misma filosofía, incorporar la jibia al menú ha sido todo un acierto para Ernesto. Tras el éxito del risotto de este calamar durante el verano, el restaurante apuesta ahora por un fresco ceviche de jibia y pulpo. “Para mí fue una sorpresa cuando llegué aquí saber que extraen tanta jibia y que en ninguno de los restaurantes la incorporan”, confiesa el chef. Para él, es importante dar a conocer este recurso, ya que se trata de un producto local que muchos desconocen.
Platos como los pejerreyes fritos, el ceviche, el risotto de locos y el causeo de orilla (preparado con ulte y cochayuyo) son los inamovibles de la carta. “Esta es una zona de pescadores, por lo que desde que nació el hotel, nos abastecemos con muchos productos que extrae la misma gente de acá”, destaca Ernesto.
Para acompañar estos sabores, el maridaje se centra en reconocidas etiquetas de los valles de Colchagua y del Maule, una elección con sentido geográfico, ya que a través de estos dos valles los viajeros pueden llegar al hotel.
Esta estrecha relación entre Puerto Viejo y su entorno también se refleja en el “caldito de San Pedro”, un plato icónico para María Paz y el chef. La receta se inspira en la tradicional fiesta de San Pedro, donde los pescadores y vecinos culminan esta celebración con un gran cocimiento abierto a la comunidad. “Para la receta, nosotros utilizamos almejas, choritos, navajuelas, costillar ahumado y congrio o la pesca del día”, precisa el chef.
“Es un plato que la gente pide mucho en el restaurante, que está inspirado en la tradición de esta festividad, que es muy linda y que nosotros reversionamos con varias sorpresas, y a la gente le encanta”, destaca con orgullo María Paz.
Hotel Puerto Viejo
Dirección: Ignacio Carrera Pinto S/N, Llico, Vichuquén, región del Maule.
Web: www.puertoviejollico.cl
Instagram: @hotelpuertoviejollico
Whatsapp: +56 9 4441 8038
Contacto: contacto@puertoviejollico.cl