Desde la costa de Pichilemu, esta cervecería del mar fusiona la herencia belga con la identidad local, dejando que sus botellas fermenten de forma libre al pulso del clima y la brisa del mar. Un tributo a la cultura costera, donde cada partida cuenta una historia irrepetible.
Hablar de Viejo Lobo es hablar de Arnaud Frennet. Así como su vida está indiscutiblemente ligada al mar, también lo está a la cerveza. Belga de origen y nacionalizado chileno, Arnaud es una de las figuras más importantes de los deportes náuticos en Chile. Tanto así, que en 2023 fue coronado campeón mundial máster de windsurf, un hito que se suma a una destacada trayectoria de títulos internacionales.
Llegó al país hace 30 años documentando las condiciones del windsurf en Chile para una revista francesa; aquí conoció a Vania, su actual esposa, socia y madre de sus dos hijas, con quien años más tarde se asentó en Punta de Lobos, Pichilemu, para dar vida a su proyecto junto al mar.

La tradición cervecera de Arnaud viene de familia; todos sus tíos y abuelos son agricultores de cebada y trigo. Sin embargo, el nexo directo con la elaboración de cerveza tiene relación con un tío, monje de la célebre abadía trapense de Orval en Bélgica, donde Arnaud pasaba fechas importantes, como Semana Santa, junto a su familia.
Su formación en el arte cervecero complementó la vocación con la técnica, la práctica y la experimentación. Su formación se dividió entre estudios técnicos en el país y viajes a Bélgica, donde afianzó sus conocimientos mediante una práctica en el monasterio junto a su tío. Luego vinieron años de experimentación y trabajo. En agosto regresará a Orval para reencontrarse con su historia y su familia. “Ahí partió todo el amor por la cerveza”, declara Arnaud.
Más allá de las raíces belgas, la identidad de la cervecería nació inspirada en la costa chilena. “El nombre en sí, Viejo Lobo, ahora es mi apodo, pero cuando partió no era tan así. Nosotros tratamos de hacer un homenaje a los viejos lobos de mar de Pichilemu, que son muchos: pescadores, surfistas, recolectores, buzos, todos los que dedican su vida al mar. Pasó a ser mi apodo porque yo de alguna forma también lo hago, pero la idea era representar el estilo de vida del lugar”, aclara Arnaud.
Aunque su herencia cervecera proviene de la prestigiosa escuela belga, prefiere no encasillar su producción bajo esa etiqueta. Para él, la identidad de Viejo Lobo es pichilemina. “Nosotros tratamos de hacer una cerveza que tiene una relación directa con el lugar. Mantenemos una forma de producción tradicional donde nos adaptamos al agua local. El pozo que tenemos es de agua de la napa de Punta de Lobos y eso es súper importante, considerando que el 90% de la cerveza es agua, que no la modificamos, la dejamos tal cual”, señala Arnaud.
El mar como control de temperatura: la fermentación libre
Si hay algo que distingue a Viejo Lobo, es su proceso de fermentación libre, sin control de temperatura. Según explica Arnaud, la cercanía con el mar y el clima de Punta de Lobos permiten que este proceso se pueda desarrollar con muy buenos resultados. “Si hiciéramos lo mismo en el valle, por ejemplo en Santiago, sin ningún control de temperatura, los resultados serían inconsistentes. Aquí estamos a metros del mar, y en invierno y verano, no hay tanta diferencia de temperatura. En general, el proceso es un poco más lento en invierno y un poco más rápido en verano, pero tampoco hay mucha diferencia entre el día y la noche, que eso podría perturbar la fermentación”, señaló.
“Nos parece muy interesante, en vez de tratar de ser o de parecer industrial y tener un producto exactamente idéntico siempre, destacar que somos una cervecería artesanal, con un producto vivo, hecho con levadura que está en la botella, y que cada producción al final es única. Aunque mantenemos una consistencia y es difícil notar las diferencias, cada producción es diferente y eso lo resaltamos en el packaging con una pequeña historia”, destaca Arnaud.
Cada botella de cerveza Viejo Lobo lleva una etiqueta con un número, que corresponde a la semana de fermentación, la principal, que general el 99,95% del alcohol. Luego viene la refermentación en botella, que permite lograr una gasificación natural fina y duradera, de la más alta calidad.
“La semana pasada fue la 28 y esta es la 29, entonces cada semana va a tener una historia distinta. Es muy probable que la etiqueta de la semana 29, por ejemplo, cuente del temporal que se viene aquí en Pichilemu y de las temperaturas que han sido más altas que la semana pasada; en la etiqueta de la semana anterior, seguramente vamos a hablar del frío que hizo en Pichilemu. Hablamos también de las condiciones del mar porque es parte de la filosofía, del estilo de vida dedicado al mar”, afirma.
Tres variedades de cerveza
El sello de la casa busca construir un sabor con carácter y personalidad propia. “Queremos que la marca Viejo Lobo tenga un sabor un poquito adquirido. Independiente de cómo cambien las mezclas de malta y lúpulo, hay elementos que siempre vuelves a encontrar: el agua, nuestra fórmula de levadura y la refermentación en botella. Estos factores hacen que haya un estilo de la casa y eso es lo que mayormente nos define”, señala Arnaud.
“Esa levadura es el ADN común de nuestras tres variedades de cervezas. Viene de la escuela tradicional belga, donde la levadura era el secreto mejor guardado de las cervecerías más antiguas”, explica el maestro cervecero.
Aunque partieron con la Viejo Lobo original que los acompañó durante seis años como la única cerveza que producía la cervecería, hoy suman otras dos variedades: blanca y triple, la blanca elaborada con trigo y cebada en proporciones iguales, es la más ligera y refrescante de todas.
Con un grado alcohólico de 5.6, es la más consumida por Arnaud, quien la define como la cerveza de introducción, de aperitivo. “Me gusta tomarla después del deporte; refresca mucho y te repone rápidamente. En cuanto a maridaje, anda muy bien con ceviche, sushi o alguna ensalada”.
La versión original de Viejo Lobo está inspirada en las tradiciones de los monjes belgas. Antes de instalar la cervecería, Arnaud perfeccionó su fórmula durante diez años hasta dar exactamente con el perfil que buscaba: una golden híbrida de 6,7° de alcohol, un poco más seca que otras de este estilo. “Nuestras cervezas son muy secas en comparación con el mercado, es parte del ADN de Viejo Lobo”, destaca.
Esta cerveza es la más versátil de todas; por lo mismo señalan que se mantuvo tanto tiempo como la única. “Si la sirves fría, se va a parecer un poco más a lo que hacemos con la blanca, y como es muy seca, también se puede servir más temperada y ahí toma un perfil más gastronómico. A mí me gusta mucho servir la cerveza a temperatura ambiente. En los tours que hacemos enseñamos eso, algo que va un poco en contra de la cultura local de servirla lo más congelada posible, que está bien para ciertas cervezas, pero hay otras que se aprecian mucho mejor así”, explica.
Finalmente, la triple es una cerveza elaborada 100% con cebada, una evolución de la original pero más fuerte e intensa. Arnaud la define como una cerveza más reflexiva que social. “Ahora que viene un temporal, te tomas una tranquilo en casa; no es tanto como para salir con los amigos, sino para compartir con uno o dos amigos en una conversación más profunda”, explica.
Esta última versión tiene 8,6°de alcohol y es ideal para maridar con una carne asada, quesos o postres en base a chocolate. “Con estas tres cervezas cubrimos las distintas ocasiones de consumo a nuestro gusto, que esa es la base de todo el proyecto, nosotros hacemos la cerveza que realmente nos gusta tomar”, señala Arnaud.
A la par de estas tres variedades, la marca lleva un tiempo trabajando en una sorpresa para fin de año. Se trata de la cerveza Viejo Lobo original, envejecida por dos, cuatro y seis años, que estará disponible en botella grande y en un stock muy limitado que será posible encontrar únicamente en la sala de ventas ubicada en Punta de Lobos.
Tienda online y sala de experiencias
La cervecería del mar este año celebrará diez años de historia consolidando una propuesta que hoy pisa más fuerte que nunca y que busca llegar a todo Chile. El gran salto que llegó a expandir sus horizontes más allá del comercio local, fue la apertura del e-commerce a través de su sitio web, que ha permitido llevar el sabor de una Viejo Lobo hasta zonas tan distantes como Antofagasta, Puerto Williams o Coyhaique en un solo click.
“Hay gente que viene todos los fines de semana a Pichilemu, pero hay otros que vienen una vez al año o una vez en la vida, que prueban nuestras cervezas y después nos preguntan dónde conseguirlas. Entonces, el e-commerce ha sido muy bueno para llegar a esas personas. De Santiago es de donde más nos piden y tenemos un sistema muy bueno, con un despacho garantizado en 180 minutos, pagando un pequeño suplemento”, explica Arnaud.
Junto con el canal de venta directa al consumidor, hoy están adaptando su plataforma web para abarcar también el mercado B2B (ventas entre empresas). Esta transformación busca responder al interés de restaurantes de todo Chile que quieren sumar la propuesta de Viejo Lobo a sus cartas.
El crecimiento de Viejo Lobo no se ha quedado solo en lo digital. Además de estos avances en su canal de ventas, hace ocho meses la cervecería del mar inauguró la “sala de experiencias”, como ellos mismos la definen. Un espacio que ha tenido excelentes resultados, convocando a turistas y grupos corporativos a conocer más de Viejo Lobo, su filosofía y proceso de fermentación libre.
Pensado para ir más allá de una visita, el tour se trata de una experiencia sensorial y cultural en torno a la cerveza. “Cada persona tiene un set de ingredientes y vamos hablando de cada uno de ellos: agua, maltas, lúpulos y levadura, introduciéndolos en su contexto histórico. Luego, hacemos un recorrido por la planta, donde vemos los procesos, hacemos degustaciones de mosto, terminando con nuestras emblemáticas variedades de cervezas y con una visita a la cava donde hacemos la degustación de las Viejo Lobo envejecidas”, explica Arnaud.
Esta propuesta también ha despertado el interés del rubro hotelero de Pichilemu y Punta de Lobos, quienes recomiendan esta experiencia a sus huéspedes, consolidando esta ruta cervecera como una iniciativa que promete seguir estrechando lazos con el turismo de la región.
Desde la cervecería aseguran que quieren entregar a la zona un producto que sea un orgullo territorial. “Queremos que cuando un pichilemino vaya a visitar a un familiar, o un turista vuelva a su casa, lleven una Viejo Lobo como un regalo típico de Pichilemu. Y está pasando, lo vemos en nuestra sala de ventas todo el tiempo, los domingos, tras el check-out de las cabañas, la gente llega, se lleva su caja de cervezas y nos cuentan adónde las llevan. Es entretenido, es algo emocionante”, confiesa Arnaud.
“Sentir el legado” es una frase recurrente, casi un eslogan, en esta cervecería de mar. Se trata de una máxima que sostiene la convicción por continuar con el proceso de elaboración tradicional de cerveza, además de una filosofía y estilo de vida.
Al final, Viejo Lobo es el reflejo de una vida dedicada al mar. En noviembre se realizará la fecha del Tour Mundial de Windsurf en Chile y Arnaud anuncia que será su última competencia oficial. Se baja del circuito profesional, pero su conexión con la naturaleza y el mar sigue intacta. Su vida se sigue rigiendo por el viento y las mareas, donde cada domingo revisa el pronóstico para planificar su semana entre las olas y su cervecería.
*Todas las fotografías son de cervecería Viejo Lobo.
Cervecería del Mar
Dirección: Camino interior 4479/ A, Punta de Lobos, Pichilemu.
Web: www.viejolobo.cl
Instagram: @cerveza_viejolobo
Whatsapp: +569 7494 9405
Contacto: info@viejolobo.cl