Lo que nació como un sueño de cuatro surfistas, ha transformado la vida de más de 1500 niños y niñas de Valparaíso.
Valparaíso es un anfiteatro que mira al Pacífico, sin embargo, para muchos niños de sus cerros, el mar es un paisaje inalcanzable que se contempla desde las alturas, pero que rara vez se habita. Ante esta barrera invisible y la vulnerabilidad de estos sectores, los surfistas estadounidenses, Henry Myer, Jon Steuber, Wiley Todd y el porteño Andrés Ponce, identificaron en el surf no solo un deporte, sino una poderosa herramienta de inclusión social capaz de transformar esa realidad.

Lo que comenzó en 2010 como un programa piloto en la Junta de Vecinos de “La Obra”, en el Cerro Mariposa, con apenas cuatro tablas y el entusiasmo de 20 participantes, creció gracias al compromiso de sus fundadores, quienes se turnaban para viajar a Estados Unidos con el fin de asegurar el financiamiento; una labor que se complementó con el apoyo de estudiantes de intercambio, que se sumaron como voluntarios para garantizar que el proyecto no se detuviera.
Rápidamente, la organización comprendió que las olas eran solo el principio. Para potenciar su impacto, la ONG evolucionó hacia un modelo basado en tres pilares: surf, educación y desarrollo profesional. Al equilibrar la adrenalina del mar con clases de inglés y apoyo vocacional en el aula, consolidaron un proyecto que, tras 16 años de labor ininterrumpida, ha transformado la vida de más de 1.500 niños y jóvenes de la Ciudad Puerto.
Este modelo se sostiene gracias a un equipo multidisciplinario y una red de voluntarios internacionales, como Florence Berner (27), quien llegó a VSP desde Inglaterra. Lo que comenzó para ella como una pasantía de un año impartiendo clases de surf y de inglés, se transformó en un compromiso profundo con la comunidad. “Me di cuenta de que había mucho más por hacer aquí, quería ser parte del cambio y del impacto que tiene la organización”, confiesa. Hoy, tras radicarse en Chile, ejerce como coordinadora del programa de inglés de la ONG, diseñando actividades lúdicas tres veces por semana para enseñar el idioma y fortalecer la motivación de más de 40 niños y niñas, provenientes de los cerros porteños.

Tras 74 clases de inglés realizadas en 2025, esta metodología ya arroja sus primeros frutos medibles. “Acabamos de terminar el ciclo y los niños rindieron sus pruebas por primera vez; los resultados fueron muy positivos porque todos mejoraron en algo”, explica Berner. Para la coordinadora, este hito marca un antes y un después en la organización, al contar con evidencia concreta del avance de los estudiantes. “Se nota que me entienden, pero el desafío ahora es que se atrevan a hablar. Mi meta es ver cómo aumentan su confianza hasta que logren conversar en inglés”, concluye.
Trayectorias de vida
Lina Besoaín, es un ejemplo del impacto a largo plazo que tiene la organización. Tiene 24 años y es socióloga, su historia con VSP comenzó a los 12 años, cuando los fundadores eran sus vecinos en el Cerro La Cruz. “Los gringos vivían literalmente en la puerta de al frente de mi casa. Era todo muy llamativo; el surf, su cultura. Empezamos a interactuar, me empezaron a invitar y después de seis meses, me ofrecieron participar en la población Montedónico, con los más pequeños, quienes son los hermanos mayores de los chiquillos que participan ahora”.

Tras pasar por todos los roles dentro de la ONG, Lina hoy es socióloga y diplomada en Comunidad y Niñez, formación que aplica directamente en su cargo como coordinadora territorial de la población Montedónico, ubicada en el cerro Playa Ancha y de la Escuela Intercultural de Laguna Verde, dos sectores insignia para la organización.
Para ella, el mar y la infancia se han convertido en pilares fundamentales. Desde su paso por VSP, observa cómo la ONG apoya las trayectorias de vida de los jóvenes porteños. “El impacto es positivo y a largo plazo; ayuda a abrir el espectro de oportunidades laborales y emocionales”, explica.

El caso de Lina no es un hecho aislado, sino parte de una cultura de retribución. Entre 2022 y 2024, ocho graduados del programa regresaron a VSP para integrarse al equipo de trabajo, cerrando un círculo virtuoso donde quienes alguna vez aprendieron a correr su primera ola, hoy construyen el futuro de la organización y el bienestar de sus propias comunidades.
Es el camino que recorrió Benjamín Maturana (21), quien desde su natal Cerro Mariposa, se sumó a la iniciativa apenas cumplió los ocho años. Tras pasar mucho tiempo como voluntario, cargando materiales, preparando trajes de agua y ayudando a los niños y niñas a involucrarse en el mar, hoy se desempeña como instructor de surf, devolviendo a los nuevos participantes la confianza que él mismo recibió.
“Para mí fue algo muy bacán porque fue mi primera red de apoyo laboral, Aquí aprendí a desenvolverme como trabajador y fue lo que me permitió descubrir mi verdadera vocación. Gracias a VSP entendí que quiero ser profesor. Por eso, el lazo que tengo con la organización es tan importante. De hecho, este mes entro a estudiar Pedagogía en Educación Física en la Universidad de Playa Ancha”.
Benjamín Maturana.
De Valpo a Nueva York
En marzo de 2024, Benjamín fue invitado a un evento de recaudación de fondos organizado por VSP en Santiago. El objetivo era que expusiera, desde su propia biografía, cómo la organización acompaña la transición de un niño hacia la vida adulta.
Esto repercutió de manera positiva tanto en la organización, como en el crecimiento personal de Benjamín, abriendo la posibilidad de replicar este testimonio en una ronda de recaudación de fondos en Nueva York, Estados Unidos, escenario ideal para poner en práctica su inglés.
El objetivo fue sensibilizar sobre la realidad de los cerros de Valparaíso y el impacto transformador del surf en contextos de vulnerabilidad. “Yo creo que lo que más les impactó a ellos fue verme ahí. Un joven de 21 años, cruzando el mundo, hablando su propio idioma, contándoles una realidad que ellos no se imaginan, yo creo que eso les hizo clic”.
“El respaldo y la red de apoyo que brinda Valpo Surf Project es impresionante. Personalmente, jamás habría llegado a un lugar así sin ellos. Creo que eso es lo que realmente conmueve, que VSP cambia vidas, crea jóvenes líderes que le hacen tanta falta a este mundo”.

El indiscutible vínculo con el mar
Para los fundadores de la organización, el surf no fue solo un deporte, sino también una vía de escape y un lugar seguro en sus vidas personales. Visión que rescata Claudio Vilches, director ejecutivo de la ONG en Chile. Bajo esa premisa, el proyecto nació con la idea de transformar una disciplina elitista y de difícil acceso en un puente hacia el mar para niños y niñas de los cerros de Valparaíso.

Misión que hoy encarna Kevin Oyarzún (31), profesor de historia titulado de la Universidad de Valparaíso, quien aprendió a surfear a los 11 años. Se integró a VSP en el año 2023 pasando de voluntario a instructor de surf. Su vínculo con el mar es herencia pura: oriundo de Los Vilos e hijo de pescador, creció inmerso en la vida de caleta. “Crecí buceando, mariscando en la orilla y pescando en bote. Mi cercanía con el mar es de toda la vida”, cuenta. Para él, entrar al agua es un “alimento para el alma”, un sentimiento que hoy le enorgullece transmitir a los niños, utilizando el mar como una herramienta pedagógica y terapéutica capaz de transformar vidas.
Sólo durante el año 2025, VSP realizó 229 sesiones de surf, de las cuales Ángel Campusano (14) participa activamente. Para él, la práctica de surf hubiese sido imposible de no ser por la ONG. “Yo antes solo nadaba, el surf es algo completamente nuevo y muy divertido”, señala con el mismo entusiasmo que describe el enfrentarse a la intensidad de las olas y la sorpresa de encontrarse con animales, como cangrejos, cuando va a surfear.

Para que este círculo se complete, el respaldo de la familia es clave. Alejandra Parra, es vecina de Montedónico y se autodenomina, una de las madres “fundadoras” del proyecto, ha visto a sus cuatro hijos crecer en la organización. Desde su perspectiva, la forma que tienen de relacionarse con el mar ha cambiado notablemente, antes de que participaran en VSP, el vínculo con el mar solo se limitaba a paseos esporádicos a la playa durante el verano. “A los chiquillos les ha ayudado harto, incluso el más pequeño (Martín) aprendió a nadar aquí”, relata Alejandra.
Ver a sus hijos esforzarse por pararse en una tabla, que antes parecía algo inaccesible, y observar cómo integran valores como la perseverancia, el respeto y el compañerismo, es lo que más valora de una experiencia que, asegura, “a ellos les encanta”.
Profesionalización y futuro
El compromiso de Valpo Surf Project no es transitorio, han logrado asentar su trabajo en cerros que se han convertido en insignia para la ONG por más de una década. “Para nosotros siempre fue muy relevante que, si sumamos un compromiso en un territorio y hay niños ahí, no queremos desaparecer. No queremos que sea un programa de transición”, afirma el director de VSP.

Su apuesta reside en la vinculación a largo plazo. En ese contexto, la organización, busca estar presente en los años formativos de los jóvenes, extendiéndose idealmente hasta que cumplen los 18 años o finalizan su enseñanza media. Para Claudio Vilches, lo que sostiene la permanencia de la ONG es la misma comunidad, “Mientras tenga sentido para ellos; para las mamás, para los niños y niñas, entonces nosotros seguimos acá”.
Esta sólida raíz territorial ha permitido que la confianza en el proyecto escale hacia niveles institucionales, logrando integrar las clases de surf en el currículum escolar. A través de una alianza con el Servicio Local de Educación Pública (SLEP), VSP ha conseguido que el surf sea reconocido como una herramienta pedagógica. Un hito que se consolidó en Laguna Verde, donde tras un año de pruebas exitosas, la Escuela Intercultural de Laguna Verde incorporó las clases de surf como parte de su jornada educativa. Este modelo se expandió durante el 2025, sumando instituciones emblemáticas como el Liceo María Luisa Bombal, la Escuela América y la Escuela Pacífico de Valparaíso.

El éxito de Valpo Surf Project no solo se mide en historias personales, sino en su amplio despliegue. Solo durante el último año, la organización se convirtió en el punto de encuentro para 532 niños, niñas y jóvenes, quienes dieron vida a más de 500 actividades en los territorios. Junto con esto, se impartieron 91 actividades educacionales en el aula, además de casi 1400 horas de mentorías, dedicadas al crecimiento personal de los estudiantes.
Sobre estos cimientos, la organización proyecta un horizonte aún más amplio. Valpo Surf Project no solo busca seguir creciendo y fortaleciendo su presencia en Valparaíso, sino también escalar su impacto a nivel nacional, buscando activamente nuevos aliados programáticos, colaboradores y, sobre todo, llegar a más niños, niñas y jóvenes. El objetivo es consolidar a la ONG como una voz líder y autorizada en el desarrollo integral de la niñez a través del deporte, específicamente el surf, y la educación no formal, contribuyendo de manera significativa al bienestar y crecimiento de las nuevas generaciones en todo el país.
Valpo Surf Project
Instagram:@valposurfproject
Dirección: Capitán Yavar 235, Playa Ancha, Valparaíso.
Contacto: cvilches@valposurfproject.org

