A través de un programa que une a hombres y mujeres de mar de cinco caletas de la región, el recurso emblemático de la zona hoy cuenta con un sello de origen que promueve la sostenibilidad, seguridad y un compromiso con el territorio.
En las costas de la región de Coquimbo, el mar no solo entrega alimento, entrega identidad. Aquí, la macha (Mesodesma donacium) es mucho más que un molusco bivalvo, es el motor económico y el orgullo de cientos de familias. Debido a su importancia, desde 2021 su extracción está regulada bajo una veda extractiva de 10 años, con una talla mínima de captura de 6 centímetros que solo permite su extracción en Áreas de Manejo y Explotación de Recursos Bentónicos. Sin embargo, mantener este recurso en la mesa de los chilenos requiere de un esfuerzo diario contra la extracción y el comercio ilegal, que afecta directamente la sostenibilidad de la especie, sus precios de comercialización y, por ende, en los ingresos y el bienestar de macheros y macheras de la región.
A través del programa “La Mejor Macha”, liderado por el Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura (Sernapesca) en el marco del Proyecto PNUD – GEF Humboldt II, se busca fortalecer la trazabilidad y el consumo responsable de este recurso, mediante la implementación de un sistema de etiquetado con código QR que permite conocer el lugar de origen del producto, la fecha de extracción y la persona responsable de ello.

Esto no es solo una herramienta o avance técnico. Se trata de la transformación de una práctica productiva de larga data y, por lo tanto, de una transformación cultural importante, sostenida en avances técnicos, pero también en voluntades locales y cambios institucionales. Este sistema de trazabilidad cuenta con un respaldo institucional a través de la Resolución N°1.886 de Sernapesca, la cual exige que cada malla de machas que llegue a terminales, mercados o restaurantes porte su etiqueta de origen obligatoria. Desde su implementación en abril de 2025, ya se han emitido más de 23.597 etiquetas, asegurando la procedencia de más de 500 toneladas de machas.
“Esta es una estrategia y herramienta clave para combatir el mercado ilegal de la macha, dado que esta etiqueta se incorpora en origen a las mallas en las que se venden y transportan desde las caletas hacia diversos terminales pesqueros o mercados, lo que permite a todos los actores de la cadena de valor reconocer fácilmente que el producto es de origen legal, y de esta forma desincentivar la compra de pesca ilegal, que conlleva un riesgo no solo para la sustentabilidad del recurso, sino también para la salud de las personas, al no poder conocer el origen o la condición en la que son trasportados y manipulados”, detalló la directora del Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura (SERNAPESCA), María Soledad Tapia.
Identidad y compromiso
La región de Coquimbo concentra históricamente el 99% de los desembarques legales de macha en Chile. Álvaro Munizaga es pescador, buzo y orillero de la caleta San Pedro de La Serena, hace más de 30 años que se dedica a la extracción de machas. Él explica que la diferencia entre una macha legal y otra irregular no es solo un papel.

“Nosotros la cuidamos para que crezca y la extraemos cuando está en su tamaño de seis centímetros”. Afirma con la convicción de quien entiende que la sostenibilidad es la base de la calidad.
“La catalogamos como “La Mejor Macha” porque viene de la región de Coquimbo y cumple con toda la normativa. Somos 100% legales”, explica Álvaro con orgullo. Para él, la diferencia está en la seguridad que le entregan al cliente. “Tenemos todo en regla para que el público esté conforme. Al escanear el código QR, pueden ver el origen, el proceso de extracción y todo nuestro trabajo”, destacó.

La ilegalidad constituye una competencia desleal, en tanto un (a) pescador (a) cumple con horarios de marea, pesajes y normativas, el informal puede obtener ingresos por el doble ignorando reglas y afectando la actividad legal ofertando sus productos a precios por hasta los $1.700 por kilo, en contraste con la valoración justa del recurso que se encuentra en torno a los $3.000 por kilo.
Para la presidenta de la Asociación Gremial de Pescadores de Tongoy, Priscilla Haro “La Mejor Macha” ha sido una iniciativa que les otorga una vitrina de autenticidad. Para la líder gremial, el sistema permite que la calidad del producto hable por sí mismo en mercados competitivos. “Cuando el consumidor en ciudades como Valparaíso escanea el código, puede comparar y entender por qué nuestra macha es especial. Tenemos una macha muy bonita y queremos que el consumidor, al ver el código QR diga, “esto viene de Tongoy, ahí está la mejor macha’”.
Seguridad y responsabilidad de los consumidores
El sistema de etiquetas implementado por SERNAPESCA, permite que cualquier usuario rastree el viaje del molusco desde que fue extraído del mar hasta el punto de venta final, pasando por toda la cadena de transportes. Gracias a pizarras instaladas estratégicamente en los locales de venta y restaurantes, identificar el producto legal es sencillo, fomentando una cultura donde el consumidor tiene la última palabra.
Para Elizabeth Almonacid, pescadora artesanal y machera de Tongoy, el mar no es solo su lugar de trabajo, sino el escenario de su historia de vida. La extracción de machas ha sido una herencia que se ha traspasado de generación en generación, desde su abuela y su madre hasta ella. “Nosotras nos criamos entre las machas, en la playa Socos, entre las algas y las champas”, recuerda Elizabeth.

Para ella, la implementación del código QR a través de “La Mejor Macha”, permite que los pescadores desempeñen su labor con la tranquilidad que otorga el reconocimiento legal de su oficio, y al mismo tiempo, se traduce en una garantía para los consumidores, que ahora pueden adquirir el recurso con la seguridad absoluta de conocer su procedencia y legalidad.

Sin embargo, para que este legado familiar perdure, el esfuerzo de las caletas debe encontrarse con un mercado consciente. Así lo entiende Alejandro Gertosio, coordinador binacional del Proyecto PNUD – GEF Humboldt II. “Este es el comienzo de un proceso de largo aliento, donde la clave es fortalecer la participación de los comercializadores y los consumidores finales. Son ellos los llamados a valorar y exigir que los productos sean de origen legal, reconociendo así el trabajo y el esfuerzo de pescadores y pescadoras que ejercen la actividad de forma responsable en la región de Coquimbo”, explica.
Gobernanza y participación
Gobernanza y participación
Bajo el impulso del programa “La Mejor Macha”, se materializó la reciente Asociación Gremial de Macheros y Macheras de la Cuarta Región. Esta alianza reúne a las caletas de Peñuelas, San Pedro de La Serena, Tongoy, Puerto Aldea y Coquimbo, puntos neurálgicos de la extracción de machas en el país. Juntas, concentran la mayor parte de la producción nacional, asumiendo hoy el liderazgo de una gobernanza que busca proteger su identidad y sustento.
Este hito consolida un modelo de trabajo donde los propios pescadores pasan a ser los guardianes de su patrimonio. Para Gertosio, la clave del impacto del programa “La Mejor Macha”, reside en su capacidad de ser adoptado por la propia comunidad. “Esta iniciativa se ha alzado como una de las de mayor éxito del proyecto Humboldt II por su alta capacidad de convocatoria. El hecho de que los pescadores y pescadoras se hayan apropiado de este sistema nos da confianza en su sostenibilidad futura, más allá de la obligatoriedad legal que este tiene”.
Como bien describe Franklin Zepeda, presidente del sindicato de la Caleta San Pedro de La Serena, este paso marca el inicio de una autonomía necesaria. “Este programa ha dado muy buenos resultados, permitiéndonos establecer una normativa pesquera inédita que fortalece al sector. Nuestra apuesta es que esta nueva Asociación Gremial tome las riendas, no solo para mejorar la comercialización, sino para garantizar un manejo controlado que evite la extinción del recurso”.

Con esto, el éxito de “La Mejor Macha” no se medirá solo en la cantidad de etiquetas emitidas o en las toneladas fiscalizadas, se medirá en la mesa. Cada vez que un consumidor elige escanear el código QR en un restaurante o mercado, está validando el esfuerzo de familias como la de Elizabeth, Álvaro, Priscilla o Franklin, que han decidido proteger el recurso para que no se agote. Asegurar que la macha siga siendo el orgullo de nuestras costas depende de que como sociedad decidamos respetar su origen, su talla y su historia.

La iniciativa es liderada por el Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura (Sernapesca), en el marco del Proyecto PNUD–GEF Humboldt II, ejecutado por la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura de Chile (Subpesca), y el Viceministerio de Pesca y Acuicultura del Ministerio de la Producción del Perú (Produce), e implementado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), con el cofinanciamiento del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF, por sus siglas en inglés).
Fotos y texto: Gilda Medina Castro

