Tania Rheinen, subdirectora ejecutiva de Oceana Chile, destaca que nuestro país ha avanzado de una protección incipiente a consolidar un liderazgo mundial de conservación marina. Sin embargo, advierte que la falta de diálogo y planes de manejo robustos pone en riesgo la salud de nuestros ecosistemas costeros y pesquerías clave.

Tania Rheinen, subdirectora ejecutiva de Oceana Chile.
Tania Rheinen, subdirectora ejecutiva de Oceana Chile.

¿Cuál es el diagnóstico que tiene Oceana hoy día sobre el mar en Chile?

Oceana, en los últimos casi veinte años en Chile, ha trabajado profundamente en temas de conservación. Partimos desde cero en nuestra zona económica exclusiva, donde teníamos mucha información científica; sin embargo, la elaboración de grandes parques marinos o de áreas marinas protegidas todavía estaba un poco incipiente y empezó a tomar fuerza a partir del año 2010 aproximadamente. En ese periodo, Oceana también adquiere mucho protagonismo en el país y se crean grandes parques marinos y áreas marinas protegidas que hoy son reconocidas en Chile y a nivel mundial. Por sobre todo, la conservación de estos grandes parques marinos en islas oceánicas, que fue un avance tremendo y que nos ubica en el ranking de países que lideran en términos de porcentaje de conservación de su zona económica exclusiva, lo que nos pone sobre un escenario de avance importante y a la vanguardia en términos de conservación.

Esto nos enfrenta a nuevos desafíos, ya que el avance inicial se realizó sobre una “hoja en blanco” en donde había mucho espacio para poder hacer estos cambios y estas políticas de conservación. Ahora la hoja ya no está en blanco, tiene un dibujo claro de lo que se ha construido en los últimos quince años y ahora tenemos que ir perfeccionando ese dibujo, centrarnos en los detalles y esos detalles, hoy día, son nuestra prioridad como organización de conservación marina.

Se avanzó enormemente en las islas oceánicas, sin embargo es prioritaria la creación de áreas marinas protegidas en zonas emblemáticas e importantes para los ecosistemas marinos en la costa, como son el Archipiélago de Humboldt, ubicado entre la región de Atacama y Coquimbo. Tras la creación de esta área marina protegida, tenemos que diseñar un plan de manejo y de administración efectiva en esta área.

Tenemos también un área marina protegida que fue declarada en Pisagua, la primera en el Norte Grande, y otra en Caleta Tortel. Todas ellas se levantaron con mucha información científica, muchas expediciones y ahora nuestro trabajo está en función de que podamos salir adelante con los procesos correspondientes. Algunas están en sus consultas ciudadanas, consultas indígenas; otras ya pasaron ese proceso y ahora hay que rectificar lo que queda en los planes de manejo. Como organización, lo que tenemos proyectado de aquí al próximo año es que esos planes de manejo y planes de administración estén concluidos.

Mar de Pisagua, crédito: Oceana I Eduardo Sorensen

El foco hoy día para nosotros como organización es una protección o conservación efectiva, que es un trabajo, igual de difícil, riguroso y de largo plazo; como la creación de estas áreas o de estos parques. Esta etapa está relacionada con la gobernanza, que es un desafío porque es un proceso nuevo para el país, para la institucionalidad ambiental, para los actores que participan y para nosotros mismos como organización. Tenemos el compromiso de aportar todas las herramientas necesarias para poder avanzar y apoyar en ese proceso que hoy suma al nuevo Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas (SBAP), quienes toman el timón para llevar adelante estos planes. Es una prueba, un desafío importante para todos los actores, pero sin lugar a dudas, demuestra cuánto hemos avanzado como país.

En términos de pesquerías, ¿cuál es el diagnóstico?

Oceana es una de las organizaciones que trabaja fuertemente en temas de pesca. Históricamente hemos trabajado con la merluza común, merluza austral, sardina, jurel y desde hace algunos años con algas, considerando la extracción masiva de las algas pardas, principalmente en el norte de Chile.

En este aspecto, el diagnóstico es un poco menos positivo, porque llevamos quince años empujando planes de recuperación para pesquerías sobreexplotadas sin obtener resultados. O sea, independiente del color de los gobiernos, siempre desde Oceana hemos apuntado a la sobreexplotación de pesquerías emblemáticas, como es el caso de la merluza común y nadie se atreve a poner el cascabel al gato, como se dice en buen chileno.

Ha sido imposible avanzar en los planes de recuperación, que es una medida que por ley debiésemos estar gestionando en el país para que estas pesquerías, que son emblemáticas y sumamente importantes, no sigan estando sobreexplotadas porque representan un pilar económico, de empleo, de seguridad alimentaria y constituyen un sistema de vida de regiones enteras.

Por otra parte, existe una preocupación latente, que se ha manifestado públicamente en los medios de comunicación respecto a la pesca ilegal como un factor que también impacta con fuerza. Sin embargo, este no es el único desafío; por un lado está la pesca ilegal y, por otro, una veda que, según los propios comités científicos, resulta insuficiente en ciertas pesquerías, además de la sobreexplotación pesquera de algunos recursos por parte de la industria, a la que  también debiésemos poner un freno. El caso del jurel es un buen ejemplo para demostrar que con medidas basadas en ciencia se puede recuperar una pesquería, pero tiene que haber un acuerdo entre todos los actores.

Desde Oceana creemos que ese acuerdo y ese diálogo no se han llevado adelante y constantemente hemos llamado a la industria, al sector artesanal, a los tomadores de decisiones, a la ciencia, etcétera, y muchos de esos actores están de acuerdo y saben que este es el diagnóstico, pero no hemos logrado aún sentarnos a conversar para tomar cartas en el asunto. Considerando la llegada de nuevas autoridades, nuestra intención es volver a levantar esa necesidad, ya que creemos que es algo bastante urgente.

Pesca merluza común, crédito: Oceana I Claudia Pool

En esa misma línea, ¿cuáles son los puntos de no retorno que más les preocupan en este momento?

Estamos muy pendientes de cuáles van a ser las medidas que se van a llevar adelante desde la industria del salmón, porque esta nueva administración ha centrado sus mensajes en aumentar la producción acuícola en el sur del país.

Por otra parte, Chile sigue liderando el uso de antibióticos en la industria del salmón y es un número que no hemos sido capaces de disminuir. La falta de transparencia sigue siendo una situación que nos aproblema bastante; los casos de sobreproducción en los que han incurrido algunas empresas también nos preocupan, que han sido fiscalizadas y multadas por la autoridad correspondiente. Entonces, debemos estar muy pendientes de una actuación por parte de la industria que no implique mayores daños al medio ambiente.

Esperamos que no sea un campo en el cual, como país, retrocedamos porque se ha logrado avanzar. De hecho, Oceana fue una de las organizaciones que trabajó con mucha fuerza en el proyecto de transparencia para que conociéramos públicamente el uso de antiparasitarios, de antibióticos y de escapes de la industria, una información que antes no era pública y que nos demorábamos mucho tiempo en conocer.

¿Cuáles son las campañas que lidera Oceana actualmente?

Por un lado, las campañas relacionadas con las áreas protegidas, que probablemente son las que siempre han sido más públicas desde Oceana, porque tienen más impacto en la ciudadanía y también en los medios de comunicación. Actualmente trabajamos en el Archipiélago de Humboldt, Pisagua y Caleta Tortel, donde apoyamos el desarrollo de planes de manejo para las áreas marinas protegidas junto a las comunidades y actores locales.

Archipiélago de Humboldt, crédito: Oceana I Eduardo Sorensen

El caso Dominga, en el Archipiélago de Humboldt, ha sido un eje central de nuestro trabajo científico y judicial durante años. Esta campaña nació del esfuerzo por crear un área marina protegida en un hotspot de biodiversidad que ha sido estudiado por décadas. A pesar de la sólida evidencia científica que entregamos para respaldar su protección, la zona enfrentó una fuerte presión industrial, lo que ha convertido a Dominga, durante diez años o más, en nuestro caso más emblemático. Finalmente, el proyecto minero-portuario fue rechazado, ya que un megapuerto es absolutamente incompatible con la fragilidad de ese ecosistema.

Trabajamos mucho con los pescadores artesanales de la zona que tienen ahí sus áreas de manejo, principalmente de extracción de locos y también áreas de manejo de machas, y pese a que el proyecto se ha rechazado en tres oportunidades, Andes Iron, la empresa detrás de Dominga, ha judicializado esos rechazos constantemente. Esto nos mantiene en un limbo de incertidumbre respecto a qué va a pasar con el lugar, con una presión bastante deshonesta respecto a la forma, a la institucionalidad ambiental, a lo político y a lo económico. Actualmente estamos a la espera de la resolución de los tribunales de justicia respecto a la sentencia del proyecto, donde nosotros decimos que Dominga no puede construirse en ese lugar y en eso vamos a insistir.

Por otro lado, estamos levantando información en la península de Hualpén, en la región del Biobío, que es una zona con una subrepresentación de áreas protegidas. Debido a que se trata de la capital pesquera del país, es muy importante hacer un levantamiento de información científica para conocer el estado del ecosistema, a los actores que están trabajando en la zona y proyectar las acciones de conservación necesarias en un área de tanta relevancia.

En pesca, la merluza austral nos tiene trabajando muy de lleno en la región de Aysén y en la pesquería de sardina, que es la más importante del país; estamos trabajando en medidas de mayor seguridad, ya que se encuentra en sobreexplotación.

La regulación y la transparencia en la industria salmonera van a seguir siendo nuestros focos principales. Respecto a los impactos en el mar relacionados con la industria del salmón o con el plástico, el fomento a la reutilización es nuestra prioridad después de lograr la Ley de plásticos de un solo uso. Es decir, enfocarnos en la economía circular y en la reutilización, que sabemos que es el foco global respecto a esta materia.

Contaminación por plásticos, crédito: Oceana

De todos estos frentes, ¿cuál es el más crítico para la resiliencia del mar chileno ante el cambio climático?

No podemos descartar ninguno. Las pesquerías están directamente ligadas a la seguridad alimentaria y al empleo. Tenemos que ser conscientes de que ciertas pesquerías pueden verse afectadas por el cambio climático; se pueden alterar las zonas geográficas de los recursos, provocando migraciones y falta de ciertas especies en zonas donde históricamente sí estaban. Es un foco que tenemos que tener muy claro y es parte del trabajo y estudio que hacemos en Oceana cuando trabajamos en pesquerías.

Respecto a las áreas protegidas, está estudiado que la protección de ciertas áreas específicas de ecosistemas marinos es fundamental para mantener el equilibrio de la biodiversidad. En nuestro país esto es especialmente relevante en las zonas de surgencia, donde la abundancia de nutrientes sustenta una gran biodiversidad. Resguardar estas áreas permite minimizar los impactos del cambio climático, protegiendo zonas de importancia tanto nacional como global.

Por otra parte, debemos reconocer al plástico como un elemento protagonista en la triple crisis ambiental, dado que su producción y desecho afectan el clima y los océanos. Entonces, mientras sigamos enfocándonos en la reutilización en todos los mercados, estamos aportando también a minimizar los impactos de la crisis climática y, por supuesto, de la contaminación de nuestros océanos. Considerando todo ese ciclo y los efectos que tiene como contaminante en el mar, la reducción de los plásticos desechables de un solo uso y el fomento de la reutilización; tienen un enfoque significativo en el ítem cambio climático.

¿Cómo podríamos impulsar una pesca más sostenible en Chile?

Planes de recuperación para las pesquerías sobreexplotadas, lo dice la ley. Hay un aspecto en nuestra Ley de Pesca que es muy claro respecto a cómo podemos hacer sostenibles nuestras pesquerías, y además, existen los comités científicos, que son sumamente importantes y que representan un gran paso en nuestra legislación, pero no estamos llevando adelante los planes de recuperación, principalmente en el caso de la merluza.

Estos planes de recuperación deben integrar herramientas específicas para asegurar la sostenibilidad, el combate a la pesca ilegal, el fortalecimiento de la fiscalización y una gestión estratégica de vedas, cuotas y artes de pesca de ciertas pesquerías.

Hace algunos años propusimos como organización una medida muy específica sobre el congelamiento de la huella de arrastre y tratamos de avanzar esa política pública, que consistía en congelar la huella de arrastre, es decir, que los buques arrastreros no puedan operar en zonas que no han sido arrasadas en los últimos años, evitando así su expansión.  Partir por ese congelamiento y considerarlo como una medida de mitigación frente a la sobreexplotación pesquera y al daño ecosistémico de la pesca de arrastre, es una medida que se presentó y que está basada en información científica. Se ha actualizado la información al respecto y creemos que puede seguir contemplándose como una política pública que aportaría bastante en temas de pesca sostenible y de conservación de nuestros ecosistemas marinos.

Finalmente, algo en lo que hemos trabajado en el último tiempo desde Oceana; es en la trazabilidad pesquera, una materia en la que tenemos que avanzar y apoyar a los distintos actores, principalmente a los pescadores artesanales, porque sabemos que es en la comercialización donde suele perderse el rastro del recurso y creemos que la trazabilidad es muy importante para hacer sostenibles nuestras pesquerías.

Pesca merluza austral, crédito: Oceana I Valeria Fuentes

¿Cuáles son las acciones que han impulsado en términos de trazabilidad?

Comenzamos a trabajar con la caleta de Puerto Gala, en la región de Aysén, donde se hicieron labores en terreno para ver de qué forma podíamos ayudar a trazar su merluza austral. Esta iniciativa se fue desarrollando en conjunto con Future of Fish, con quienes hemos trabajado por muchos años como organización, y se logró implementar un mecanismo de trazabilidad para merluza austral de Gala. Eso lleva a que a estos pescadores artesanales se les abra la posibilidad de comercializar de manera directa en establecimientos específicos de la región de Aysén, en donde probablemente requieren de información, como ¿cuándo se pescó?, ¿dónde se pescó? y ¿cómo se pescó?. Uno no se imaginaría hoy día, comprar en el supermercado un envase cerrado de carne bovina que no venga con un código de barras con toda esta información. Eso es lo que queremos fomentar también en la pesca artesanal y esto abre una oportunidad para los pescadores artesanales desde otros sectores comerciales que se ven interesados porque ahora pueden acceder a una pesca trazada.

Hemos estado colaborando con poner a disposición de la Junaeb, en un sector de la región de Aysén, merluza austral de pescadores artesanales que ha sido trazada. Entonces, acá vemos el círculo completo de una política pública que ayuda a fortalecer la economía local, fomenta métodos de pesca sostenibles y colabora a la seguridad alimentaria de la población más joven del país, a través del acceso a una pesca saludable y local, fomentando la trazabilidad y un comercio justo y transparente.

Creemos que la trazabilidad es un fomento para dar valor agregado a la pesca artesanal y hay planes piloto que ya están funcionando, en los que podemos seguir profundizando y que además aportan a minimizar los impactos de la pesca ilegal.

¿Qué necesitamos para proteger nuestro maritorio o cuáles son los mayores desafíos que tenemos para protegerlo de aquí en adelante?

El desafío es bien político. Estamos cambiando de gobierno, estamos en un contexto en donde no sabemos muy bien el rol que juegan las políticas ambientales que Chile ha impulsado en el último tiempo. Creo que nuestro desafío y nuestra necesidad es que no perdamos ese norte.

Vemos muchas acusaciones hoy día desde algunas agrupaciones en particular, desde algunos grupos de interés en contra del trabajo que hacen las organizaciones dedicadas a temas ambientales o incluso científicos, y creo que eso no le suma a nadie, solo resta verdaderamente. Si podemos seguir desarrollando un trabajo serio en términos científicos, políticos y económicos respecto a la conservación de nuestros mares, vamos a apoyar al desarrollo del país. Creo que es importante hacer notar que Chile tiene que mirar a su mar, respetarlo, cuidarlo, quererlo y protegerlo. Entender que esto es a largo plazo; no se trata de lo que podamos lograr hoy, sino de lo que seremos capaces de lograr mañana por él.

El desafío es profundizar en lo que ya hemos avanzado como país. Como decía al principio, es fácil dibujar sobre una hoja en blanco, puedes ser creativo, pero ahora debemos ser detallistas, hacer un trabajo riguroso, y en esos detalles, es donde está nuestro mayor desafío.

 

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