Respaldada por una red de más de 9.000 mujeres de Arica a Magallanes, la Corporación Nacional de Mujeres de la Pesca Artesanal, constituida formalmente en 2021, lidera hoy la lucha por la equidad, el reconocimiento y la dignidad de las mujeres de mar.
Históricamente, el relato del mar chileno ha sido construido como un territorio exclusivo de los hombres, dejando invisibilizada la labor de miles de mujeres que sostienen la pesca artesanal por generaciones. Sin embargo, desde 2021, la Corporación Nacional de Mujeres de la Pesca Artesanal ha irrumpido en la gobernanza pesquera para demostrar que la pesca también tiene rostro de mujer.

No se trata solo de una estructura administrativa, sino de un trabajo colectivo que busca sacar de la informalidad y el anonimato a actividades que históricamente han carecido de reconocimiento oficial. Esta labor dignifica desde las tejedoras de redes hasta las expertas carapacheras, sacando de las sombras a las actividades conexas que son, el hilo conductor de toda la cadena de productiva de la pesca artesanal.
Según describe la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), las mujeres constituyen cerca del 50% de la fuerza laboral mundial de toda la cadena de valor de pesca y acuicultura, asumiendo funciones clave que van desde la provisión de insumos hasta el proceso de transformar y vender el producto que llega a nuestras mesas.
Este impulso transformador fue el motor de la Ley 21.370, una normativa que promueve la equidad de género en el sector y que la Corporación impulsó con fuerza para reconocer formalmente las actividades conexas. Gracias este hito, y a la puesta en marcha del Registro de Actividades Conexas (RAC), hoy se reconoce el arte de las encarnadoras, que se dedican a preparar los señuelos de pesca; de charqueadoras y ahumadoras, que dominan técnicas de preservación de los productos; de las tejedoras de las redes de pesca; de las fileteadoras, y la labor de carapacheras y desconchadoras, que son quienes extraen la carne de crustáceos y moluscos. Este avance representa un paso para la validación oficial de sus oficios y abre las puertas a herramientas de fomento y protección social que, hasta hace poco, les eran completamente ajenas.
“Reconocer las actividades conexas es una gran oportunidad que tenemos los pescadores y pescadoras artesanales para hablar de un desarrollo integral”, sostiene la presidenta de la Corporación Nacional de Mujeres de la Pesca Artesanal, Sara Garrido.

La incidencia política de la Corporación alcanzó un nuevo relieve en 2024 con la modificación a la Ley de Caletas, que incorpora un enfoque de género en la administración de estos espacios. Este proyecto “surgió para exigir que la infraestructura costera deje de ignorar a “la otra mitad” del sector”, señaló la presidenta de la Corporación. Así, la normativa no solo apunta a dignificar las condiciones laborales con miras a la salud y previsión, sino que otorga a las mujeres el respaldo legal para liderar y disputar la gestión de las caletas frente a estructuras sindicales históricamente masculinas.
Una red de Arica a Magallanes
En 2019, la red sumó una fuerza importante con la llegada de Teresa Nilo, alguera y presidenta del sindicato de Caleta La Reina de Atacama. Hoy, desde su rol como secretaria de la Corporación, Teresa recuerda la convicción que la llevó a dar este paso. “Decidí unirme porque creí profundamente en la necesidad de visibilizar nuestro rol y en la fuerza de este proyecto colectivo.”, reflexiona.
Para Teresa la consolidación de esta red fortaleció la voz de miles de mujeres “y nos permitió decir con fuerza: “Basta de ser invisibles”. Hoy las mujeres están empoderadas, con garra y una fortaleza que muchas no sabían que tenían. Ante las autoridades, hemos logrado respeto y reconocimiento participando en espacios de toma de decisiones gracias a un trabajo serio, transparente y honesto”, recalcó.
Desde Tongoy, Mirta Contreras lleva una vida entera ligada al mar. Aunque es pescadora, se ha dedicado desde los 16 años a trabajar en el cultivo del ostión. Hoy, como representante de la Mesa Regional de Mujeres de la Pesca Artesanal de Coquimbo y pieza clave de esta red nacional, recuerda su ingreso en 2017 y su labor, años más tarde, cuando como coordinadora regional comenzó a dar forma a los perfiles de las actividades conexas.

“Empezamos a levantar el perfil de las desconchadoras porque en nuestra región existen muchos vestigios; si vas al campo hay conchas, encuentras conchales, entonces todo esto sirvió de base para que se reconociera y se valorara el trabajo de las desconchadoras”, explica.
Quien también comprende estas faenas desde su propia experiencia es Sara Garrido, quien mucho antes de liderar la Corporación, se desempeñó como carapachera durante más de 15 años, dedicando sus jornadas a la extracción minuciosa de carne de jaiba para su posterior comercialización. Fue en esa época donde comenzó a gestarse su convicción, al notar que, aunque las mujeres aportaban tanto como los hombres, permanecían invisibles.
“Gran parte del esfuerzo recaía en nuestras manos, pero para la mujer de mar no existía ni reconocimiento ni política pública que nos protegiera”, recuerda Sara, transformando hoy esa vivencia en el motor de su liderazgo nacional.
Certificación y miras al futuro
Otro hito importante sumó la red el pasado 23 de enero, cuando se certificaron las competencias laborales en los perfiles de actividades conexas de 74 integrantes de la Corporación Nacional de Mujeres de la Pesca Artesanal.
Para la presidenta de la Corporación, “esto ha permitido que muchas mujeres se sientan reconocidas y valoradas. Hoy su experiencia tiene un valor, no cualquiera es encarnadora o fileteadora, ellas son verdaderas expertas y esa experiencia que en otros países se valora profundamente, hoy empieza a reconocerse acá”.
Mirta Contreras habla desde la participación, para ella haber aportado en visibilizar el trabajo que realizan tantas mujeres, que muchas veces son el pilar fundamental de los hogares, es muy importante. “Ahora solo esperamos que el Gobierno siga apoyando a las mujeres a certificarse, porque una mujer capacitada es una mujer productiva”, señaló.
Esta transformación, que va desde el reconocimiento legal hasta el empoderamiento personal, encuentra su eco en el testimonio de Teresa Nilo, quien mira con orgullo los avances. “Uno de los logros más importantes fue visibilizar la equidad de género con la Ley 21.370 para reconocer legalmente nuestras actividades conexas. Pero igual de fundamental ha sido fortalecer el liderazgo femenino y generar confianza; muchas veces no somos conscientes de todo lo que somos capaces de lograr por nosotras mismas, y este proceso ha sido clave para demostrarlo”.
Con la mirada puesta en el horizonte, la directiva proyecta algunos desafíos y sueños para el futuro. Uno de los anhelos de Sara es contar con un Ministerio del Mar, aunque sabe que es una tarea difícil, en el intertanto, “debemos hacer todo lo que esté a nuestro alcance por mejorar nuestro sector”, sostiene.

Otro punto importante es que las regiones tengan voz propia. Su propuesta es clara, una gestión que reconozca la identidad de cada zona. “Me gustaría ver a cada territorio con su propia política pesquera regional adaptada a su realidad. Hay regiones con una fuerza extractiva enorme, pero también hay otras que, aunque extraen menos, tienen un borde costero con un potencial increíble por desarrollar. Todas las regiones tienen mucho que decir y mi anhelo es que ese potencial se convierta en una oportunidad real para cada caleta”, finalizó.



