Mucho más que una barra y con una propuesta chispeante, este espacio ha puesto en valor el mar chileno en pleno corazón Reñaca.
Cantina Pelícano respira mar desde su nombre hasta su ubicación. Este bar marino fue concebido con un objetivo claro, ser un punto de encuentro frente al mar donde el relajo se combina con una propuesta gastronómica que se aleja de las formalidades para abrazar un formato de “comida de calle”, utilizando únicamente pescados y mariscos.
La idea comenzó a gestarse durante la pandemia. Benito Salinas, quien ya conocía el pulso del barrio gracias a su experiencia (con otro de sus actuales socios) en “El Patio”, un pequeño local de burritos, bowls y jugos, ubicado a pocas cuadras de lo que hoy es Cantina Pelícano, buscaba dar vida a un concepto distinto. Para lograrlo, unió fuerzas con Rodrigo Márquez, Simón Toledo, Javier Cornejo y Martín Salinas. Juntos decidieron crear este espacio distendido donde la gastronomía marina es protagonista, abriendo sus puertas en mayo de 2021.
Con la experiencia que ya habían adquirido los socios de “El Patio” en sus visitas a distintas caletas y el contacto directo con pescadores y comerciantes, sabían que había una oportunidad de innovar poniendo en valor los productos del mar de una manera más lúdica y entretenida, diferenciándose de la oferta tradicional de sushi, hamburguesas y pizzas, con la convicción de que serían los únicos en ofrecer un concepto de este tipo en el sector.
“Al principio, la idea era poner un local muy pequeño de comida al paso frente a la playa”, recuerda Rodrigo Márquez, chef y socio del proyecto. “Nuestra visión original era ofrecer cuatro o cinco platos de mar para llevar. De hecho, ya teníamos en mente la hamburguesa de pescado y el completo de camarones, que hoy es nuestro plato icónico. Sin embargo, no proyectábamos un negocio de las dimensiones que tenemos ahora”.
La apuesta por la pesca artesanal
Aunque reconocen que la oferta de productos locales es escasa, hacen el esfuerzo de llegar a ellos. A través de pescadores y buzos, logran rescatar tesoros como pescados de roca y el auténtico camarón nacional. El resto de su despensa, aunque provenga de otras zonas del país, mantiene la misma ética: cada producto proviene de la pesca artesanal.

“Al principio partimos con poco conocimiento sobre cómo funciona realmente la pesca en Chile, ha sido un proceso de aprendizaje constante y todavía nos falta”, reconoce Rodrigo Márquez. “Pero también estamos siendo cada vez más responsables en nuestras compras, respetamos las tallas mínimas, las vedas y seleccionamos bien a nuestros proveedores. No le compramos a cualquiera; buscamos a quienes cuidan el recurso. Eso es lo que nos permite asegurar un abastecimiento de calidad en pescados y mariscos durante todo el año”, explica.
Son conscientes de la brecha que existe en Chile en cuanto al consumo de productos del mar. Sin embargo, sienten que son parte de un movimiento que busca reivindicarlo. “Es contradictorio que, habitando una costa tan extensa, el pescado sea un actor secundario en nuestra mesa. Especialmente en nuestras costas, el mar debería ser el protagonista absoluto de la gastronomía”, declara el chef.
Bajo esa premisa, uno de sus objetivos es ampliar el horizonte del comensal, poniendo en valor especies que suelen quedar fuera del radar masivo, como algunos pescados de roca, la palometa o distintas variedades de atunes, demostrando que existe un universo de sabores y calidades que merece ser descubierto y respetado.
Una carta dinámica
Rodrigo Márquez define la cocina de Cantina Pelícano como “fresca y didáctica”. La carta, que se renueva parcialmente dos veces al año según la temporada, se basa principalmente en platos de fondo, preparaciones para compartir y sándwiches, que son un sello de la casa.
Bajo esta estructura, la propuesta se basa en una búsqueda constante por elevar el producto local. Aunque la gastronomía nacional es la que marca la pauta, el equipo de cocina compuesto por los socios, Rodrigo Márquez y Simón Toledo, integra influencias de países con una fuerte tradición marina, como la japonesa o mexicana.
“Hay preparaciones que para nosotros son imposibles de mover, como el ceviche, el fish and chips, la hamburguesa de pescado y el completo de camarones, la gente ya nos reconoce por esos platos y viene por ellos. Con la otra mitad de la carta podemos jugar, innovar e ir armando ideas nuevas”, explica Márquez.

Esa voluntad de experimentar se traduce en versiones creativas de clásicos populares, como el Barros Luco de palometa o albacora, según dicte la marea. La intención es presentar un sándwich que todos reconocen, utilizando materias primas que no se consumen habitualmente, invitando al público a redescubrir la despensa marina.
Según los socios, el completo de camarón es la preparación que mejor refleja la filosofía de Cantina Pelícano. “Es un clásico, como de calle, de carrito o para comer en la casa con los amigos. Nosotros le dimos un giro más gourmet utilizando el camarón nacional, que es mucho más sabroso que el ecuatoriano, pero que la gente no conoce tanto. Yo creo que ha gustado mucho, además tiene bonita presentación. Nos pasa mucho que viene gente de Santiago diciendo que han escuchado hablar del completo de camarón y llegan directo a pedirlo”, comenta Benito.

Productos locales
Esa coherencia entre frescura y origen no se detiene en la cocina, sino que se extiende a su barra. En Cantina Pelícano solo se comercializan cervezas artesanales nacionales. “De barriles que rotan constantemente y que se mantienen siempre a la temperatura ideal en nuestra cámara de frío. Aquí se sirve una buena cerveza siempre”, complementa Benito Salinas.
Tal es la relevancia de este producto, que incluso cuentan con una etiqueta de la casa: la “Pelican Pilsen”, una cerveza ligera de estilo lager elaborada especialmente por la cervecería Mauco de Concón. En cuanto a los vinos, la propuesta huye de lo industrial, limitándose a seis etiquetas que narran la diversidad de los suelos chilenos, desde la cercanía de Tinta y Tinto en la región de Valparaíso, hasta la altura de Primavento en el Elqui o la tradición de Viña Prado en el Vale de Itata.
De la barra a la mesa
El reto más grande para Cantina Pelícano ha sido evolucionar desde ese origen de bar en el epicentro de Reñaca, hacia la consolidación de una cocina con identidad propia. Lo que nació bajo la efervescencia de un bar de playa ha ido mutando hacia un concepto de bar y restaurant, capaz de convivir con distintos ritmos y audiencias.

Parte clave de este giro es la conquista del horario de almuerzo, una apuesta que comenzó sumando los viernes (a los sábados y domingos) y que, impulsada por la temporada estival, se extendió también a los jueves. Este cambio no es solo de horario, sino de fondo. Han robustecido la carta con platos de mayor elaboración para atraer a un público más familiar y ofrecer una experiencia completa, demostrando una propuesta consciente, respetuosa con el producto y profundamente innovadora, que ha logrado calar en un público diverso que valora la coherencia entre el relajo de la costa y una cocina que se atreve a proponer algo distinto.
“Queríamos que el público viniera directamente a comer o a vivir esa mezcla perfecta entre buena mesa y relajo. Estamos logrando el perfil que buscábamos y transformándonos en mucho más que un bar”, concluyen satisfechos los socios, confirmando que en este rincón de Reñaca, el mar ya no es solo paisaje, sino el protagonista de la mesa.

Cantina Pelícano
Av. Ignacio Carrera Pinto 132, Reñaca.
Instagram:@cantinapelicano
Contacto: cantinapelicano@gmail.com

